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| Isabel I de Castilla por Juan de Flandes |
Isabel, la mayor, vino al mundo
en 1470, un año después de la boda de sus padres que todavía eran solo
príncipes, en Dueñas.
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| El Príncipe Juan de Aragón |
Juan, el segundo de sus
hijos se hizo esperar porque Isabel había tenido un aborto en 1475 viajando
entre Toledo y Avila. Fue Príncipe de
Asturias, por haber sido coronada ya su madre en 1474 y por sexo, nació en
Sevilla en 1478.
Juana, más tarde reina de España,
en Toledo en 1479.
María, que fue reina consorte de
Portugal, en Córdoba en 1482.
Y Catalina, que sería reina
consorte de Inglaterra, en Alcalá de Henares en 1485.
Juan, que es de quien este
relato trata, nació providencialmente el 29 de junio de 1478, habiendo sido ya proclamada
su madre Reina de Castilla y tras esta haber peregrinado previamente, en ruego
de heredero varón, a San Juan de Ortega, famoso en todo el reino, por su eficaz
intercesión en estos casos. El nombre elegido, Juan, lo fue en honor de ser el
mismo nombre que el de sus abuelos paterno y materno, así como el del Santo que
supuestamente intercedió en su alumbramiento.
El acontecimiento fue celebrado
en todo el reino durante ocho días.
La partera fue una mujer natural
de Feria, conocida como la Herradera, y fue bautizado en la Iglesia
Mayor de Sevilla el 8 de julio siendo los padrinos el embajador de Venecia, el
condestable, el conde de Benavente y la duquesa de Medina Sidonia.
Solamente tres días después del
bautizo se produjo en Sevilla un eclipse solar durante tres horas lo que se
consideró por algunos un mal presagio.
El príncipe presentaba algunos
rasgos de debilidad física, un labio leporino que le dificultaba el habla, y la
predisposición a todo tipo de dolencias como gastroenteritis, viruelas y otras.
Por todo ello los dos médicos habituales del príncipe, el doctor Soto y el
licenciado Guadalupe, cuidaban al paciente con toda clase de medios conocidos
en la época. Entre otros, le fueron prescritos el aceite de bacalao y el jugo
de carne de tortuga, exótico alimento que proporcionó no pequeños problemas de
abastecimiento.
En el proyecto de política
matrimonial que gestionaban sus padres le fueron propuestas esposas ya desde su
destete. Las opciones contempladas incluyeron ,inicialmente, a su prima Juana –
La Beltraneja- quien por optar su entrada en un convento fue descartada según
cuenta Hernando del Pulgar.
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| Catalina de Foix |
Finalmente se acordó con el
emperador del Sacro Romano Imperio Romano- Germánico, Maximiliano I de
Habsburgo, un doble enlace de los hermanos, Juan y Juana con los dos hijos de
este, Margarita de Austria y Felipe El Hermoso.
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| Maximiliano I por Alberto Durero |
La historia de Margarita de
Austria, previa a este acuerdo, pese a su corta edad, nació en Bruselas en
1480, había sido un poco desventurada.
Efectivamente, en 1483 con solo
tres años tuvo lugar su boda con Carlos, el Delfín de Francia que entonces
tenía diez años mas que ella, es decir trece. Carlos, además de no gozar de
buena salud, era “bajo de estatura, feo de cara, de ojos grandes
descoloridos y miopes, nariz aguileña más grande que lo normal, labios gruesos
siempre entreabiertos” – Según Contarini, embajador de Venecia- que añadía “tiene
además las manos continuamente agitadas por movimientos espasmódicos y es torpe
al hablar”
A los dos meses de esta boda,
falleció Luis XI, padre de Carlos, convirtiéndose este en Carlos VIII y Margarita,
en reina consorte de la corte francesa. Esta situación, sin embargo, duró poco
porque Carlos concertó su boda con Ana de Bretaña que hasta ese momento estaba
comprometida con su suegro Maximiliano I, repudiando simultáneamente a
Margarita.
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| Carlos VIII de Francia |
La niña Margarita convivió con su ex marido y su nueva esposa en el castillo de Ambois durante dos años tras los cuales fue devuelta a su Bruselas natal, explicando estos hechos insólitos y poco gratos para Maximiliano, la decisión del Emperador de unirse a Castilla con el doble vínculo nupcial de sus hijos.
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| Catedral de San Rumoldo en Malinas |
Rápidamente se celebró la boda de Juan y Margarita por poderes en la catedral de San Rumoldo de Malinas y se aparejó una escuadra al mando del señor de Medina de Rioseco y Almirante de Castilla don Fadrique Enriquez para llevar a la infanta Juana a Flesinga a su prometido Felipe y traer de vuelta a la princesa Margarita para celebrar la boda solemne con su hermano Juan en la catedral de Burgos.
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| El Almirante Fadrique Enriquez |
La Catedral para esas fechas tenía terminadas las dos imponentes agujas de gótico flamígero, obra de Juan de Colonia, que afortunadamente contemplamos todavía hoy , proporcionando adecuado empaque al singular evento.
La travesía de vuelta
transportando a Margarita fue tan accidentada por los temporales de la mar, que
produjo serios temores en la novia de morir doncella a pesar de haberse casado
dos veces.
Finalmente, la flota arribó a
Santander con retraso, pero sin novedad el 6 de marzo lo que suponía tener que
elegir para la ceremonia una fecha dentro de la Cuaresma por lo que hubo
necesidad de pedir dispensa eclesiástica de una bula al Papa Alejandro VI.
Trasladaron a Burgos a Margarita
en una carroza no vista antes en Castilla y a su llegada, su porte y su belleza
causaron gran sensación en los cortesanos, el pueblo y por supuesto, el novio.
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| Margarita de Austria |
Pedro Mártir de Anglería,
cronista de la corte, escribía en una carta al Cardenal de Santa Cruz “Si la
vieras, te harías la idea de que estás contemplando a la misma Venus. Cual en
belleza, porte y edad pudo Marte desear a Citerea”
La boda se celebró finalmente el
cuatro de abril de 1497 con grandes festejos y juegos durante días, en la
ciudad de Burgos.
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| Burgos |
Durante esos días, entre
consumación y consumación, los novios recibieron en audiencia a muchas
personalidades entre las que destacó la de Cristobal Colón, recién gran
descubridor del Nuevo Mundo, quien, prendado vivamente de la novia, prometió
dar su nombre a una de las islas descubiertas.
Tras la boda, los novios
continuaron su luna de miel en la corte de Almazán y en junio se trasladaron a
Medina del Campo para asistir a las capitulaciones de la infanta Isabel con el
Rey Manuel de Portugal. Entre tanto trajín y viaje, sin embargo, el aspecto
físico del heredero decaía visiblemente.
Pedro Martir de Anglería en nueva
carta a su superior relataba “Preso en el amor de la doncella ya está
demasiado pálido nuestro joven Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey,
aconsejan a la Reina que alguna vez que otra, aparten a Margarita del lado del
Príncipe, que los separe y les de tregua” Y todo ello, también según
palabras de Anglería, porque “Se le pueden reblandecer las médulas y
debilitar el estómago”
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| El sacerdote humanista Pedro Mártir de Anglería |
La Reina Isabel no consideró
necesario acceder a tales consejos – Lo que Dios ha unido…- y continuó con su
programa familiar para acompañar a la Infanta Isabel a su entrega al Rey de
Portugal en Valencia de Alcántara a finales de septiembre, a donde debieran
acudir desde Medina toda la familia real reunida.
Pero en este viaje el Principe
enfermó y motivó que, en vez de seguir hasta la entrega de Isabel, se quedase a
mitad de camino en Salamanca, a donde efectivamente tuvo que dirigirse,
alojándose en la residencia episcopal para ser cuidado bajo la supervisión de
su tutor Fray Diego de Deza.
Aunque los médicos habituales, el
doctor Soto y el licenciado Guadalupe, empleaban sus mejores remedios para
paliar la fiebre y el mal del joven, su tutor Deza escribía a los Reyes para
que enviasen a sus médicos personales con urgencia. Eran estos, el de la Reina,
el doctor Hernando Álvarez, judeoconverso que regentaba una cátedra de medicina
desde hacía veinte años y el del Rey, Juan de la Parra también judío converso.
El Rey recibiendo las noticias
cerca de Cáceres, regresó a Salamanca con su médico a marchas forzadas,
encontrando a su hijo ya muy mal, aunque con todos los sentidos y a tiempo de
intentar animarle.
Juan falleció el 3 de octubre
probablemente de tuberculosis o tal vez de otra enfermedad infecciosa ya que la
primera era endémica en Castilla por aquella época, siendo poco probable
atribuir al exceso de sexo motivo alguno, como muchos supusieron entonces y
sentó opinión para la posteridad de la familia , como se verá.
El propio Diego de Deza amortajó
el cadáver con un hábito de San Francisco y le depositó provisionalmente en la
catedral de Salamanca.
Con esta muerte se extinguía la
dinastía Trastámara en Castilla, nacional, hispana y legitimada ya, para no
regresar, dando paso a los Habsburgo.
Los Reyes desolados dispusieron
que su enterramiento fuera en el Monasterio de Santo Tomás de Avila. El
fallecido, en su testamento disponía que su sepultura fuese “donde sus padres
mandasen.”
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| Sepulcro de Juan de Aragon. Monasterio de Santo Tomás de Avila |
Margarita, con solamente
diecisiete años quedó encinta, aunque sufrió un aborto, frustrando con ello
cualquier posibilidad de sucesión del heredero.
Tres años más tarde, en 1500,
regresaría a Gante donde hacía poco había nacido su sobrino Carlos, hijo de su
hermano Felipe y su cuñada Juana.
Nuevamente se la concertó una
boda, esta vez con Filiberto II de Saboya con quien casó al año siguiente y de
quien volvió a enviudar pasados tres años sin haber tenido descendencia.
Regresó a su Flandes natal, con
tan solo veinticuatro años de edad y habiendo enviudado dos veces. De allí no
volvió a salir, dedicándose muy activamente a la educación de su sobrino
Carlos, mas tarde Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
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