El Leon de Arlanza

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miércoles, 18 de marzo de 2026

Burgos, ramas tronchadas. Capítulo I.- El último Trastámara.

 

Isabel I de Castilla por Juan de Flandes
Isabel I de Castilla por Juan de Flandes
                                    
Isabel I de Castilla fue dando a luz a sus hijos por toda la geografía de su reino:

Isabel, la mayor, vino al mundo en 1470, un año después de la boda de sus padres que todavía eran solo príncipes, en Dueñas.

Juan de Aragon
El Príncipe Juan de Aragón

Juan, el segundo de sus hijos se hizo esperar porque Isabel había tenido un aborto en 1475 viajando entre Toledo y Avila.  Fue Príncipe de Asturias, por haber sido coronada ya su madre en 1474 y por sexo, nació en Sevilla en 1478.

Juana, más tarde reina de España, en Toledo en 1479.

María, que fue reina consorte de Portugal, en Córdoba en 1482.

Y Catalina, que sería reina consorte de Inglaterra, en Alcalá de Henares en 1485.

Juan, que es de quien este relato trata, nació providencialmente el 29 de junio de 1478, habiendo sido ya proclamada su madre Reina de Castilla y tras esta haber peregrinado previamente, en ruego de heredero varón, a San Juan de Ortega, famoso en todo el reino, por su eficaz intercesión en estos casos. El nombre elegido, Juan, lo fue en honor de ser el mismo nombre que el de sus abuelos paterno y materno, así como el del Santo que supuestamente intercedió en su alumbramiento.

El acontecimiento fue celebrado en todo el reino durante ocho días.

La partera fue una mujer natural de Feria, conocida como la Herradera, y fue bautizado en la Iglesia Mayor de Sevilla el 8 de julio siendo los padrinos el embajador de Venecia, el condestable, el conde de Benavente y la duquesa de Medina Sidonia.

Solamente tres días después del bautizo se produjo en Sevilla un eclipse solar durante tres horas lo que se consideró por algunos un mal presagio.

El príncipe presentaba algunos rasgos de debilidad física, un labio leporino que le dificultaba el habla, y la predisposición a todo tipo de dolencias como gastroenteritis, viruelas y otras. Por todo ello los dos médicos habituales del príncipe, el doctor Soto y el licenciado Guadalupe, cuidaban al paciente con toda clase de medios conocidos en la época. Entre otros, le fueron prescritos el aceite de bacalao y el jugo de carne de tortuga, exótico alimento que proporcionó no pequeños problemas de abastecimiento.

En el proyecto de política matrimonial que gestionaban sus padres le fueron propuestas esposas ya desde su destete. Las opciones contempladas incluyeron ,inicialmente, a su prima Juana – La Beltraneja- quien por optar su entrada en un convento fue descartada según cuenta Hernando del Pulgar.

Catalina de Foix
Catalina de Foix
                                                   
Cuando Juan hubo cumplido cinco años, se negoció por segunda vez su matrimonio, esta vez con Catalina de Foix, hija de Gastón de Foix, príncipe de Viana y sobrina del rey de Francia Luis XI y llamada a ser reina de Navarra. Esta niña era diez años mayor que Juan y por esta razón y por el triunfo de los partidarios navarros de Bearn que no deseaban emparentar con castellanos, la opción fue rechazada por los padres de la novia.

Finalmente se acordó con el emperador del Sacro Romano Imperio Romano- Germánico, Maximiliano I de Habsburgo, un doble enlace de los hermanos, Juan y Juana con los dos hijos de este, Margarita de Austria y Felipe El Hermoso.

Maximiliano I por Alberto Durero
Maximiliano I por Alberto Durero

La historia de Margarita de Austria, previa a este acuerdo, pese a su corta edad, nació en Bruselas en 1480, había sido un poco desventurada.

Efectivamente, en 1483 con solo tres años tuvo lugar su boda con Carlos, el Delfín de Francia que entonces tenía diez años mas que ella, es decir trece. Carlos, además de no gozar de buena salud, era “bajo de estatura, feo de cara, de ojos grandes descoloridos y miopes, nariz aguileña más grande que lo normal, labios gruesos siempre entreabiertos” – Según Contarini, embajador de Venecia- que añadía “tiene además las manos continuamente agitadas por movimientos espasmódicos y es torpe al hablar”

A los dos meses de esta boda, falleció Luis XI, padre de Carlos, convirtiéndose este en Carlos VIII y Margarita, en reina consorte de la corte francesa. Esta situación, sin embargo, duró poco porque Carlos concertó su boda con Ana de Bretaña que hasta ese momento estaba comprometida con su suegro Maximiliano I, repudiando simultáneamente a Margarita.

Carlos VIII de Francia

La niña Margarita convivió con su ex marido y su nueva esposa  en el castillo de Ambois durante dos años  tras los cuales fue devuelta a su Bruselas natal, explicando estos hechos insólitos y poco gratos para Maximiliano, la decisión del Emperador de unirse a Castilla con el doble vínculo nupcial de sus hijos.

Catedral de San Rumoldo en Malinas


Rápidamente se celebró la boda de Juan y Margarita por poderes en la catedral de San Rumoldo de Malinas y se aparejó una escuadra al mando del señor de Medina de Rioseco y Almirante de Castilla don Fadrique Enriquez para llevar a la infanta Juana a Flesinga a su prometido Felipe y traer de vuelta a la princesa Margarita para celebrar la boda solemne con su hermano Juan en la catedral de Burgos.

El Almirante Fadrique Enriquez
El Almirante Fadrique Enriquez

La Catedral para esas fechas tenía terminadas las dos imponentes agujas de gótico flamígero, obra de Juan de Colonia, que afortunadamente contemplamos todavía hoy , proporcionando adecuado empaque al singular evento.

La travesía de vuelta transportando a Margarita fue tan accidentada por los temporales de la mar, que produjo serios temores en la novia de morir doncella a pesar de haberse casado dos veces.

Finalmente, la flota arribó a Santander con retraso, pero sin novedad el 6 de marzo lo que suponía tener que elegir para la ceremonia una fecha dentro de la Cuaresma por lo que hubo necesidad de pedir dispensa eclesiástica de una bula al Papa Alejandro VI.

Trasladaron a Burgos a Margarita en una carroza no vista antes en Castilla y a su llegada, su porte y su belleza causaron gran sensación en los cortesanos, el pueblo y por supuesto, el novio.

Margarita de Austria

Pedro Mártir de Anglería, cronista de la corte, escribía en una carta al Cardenal de Santa Cruz “Si la vieras, te harías la idea de que estás contemplando a la misma Venus. Cual en belleza, porte y edad pudo Marte desear a Citerea”

La boda se celebró finalmente el cuatro de abril de 1497 con grandes festejos y juegos durante días, en la ciudad de Burgos.

Burgos


Durante esos días, entre consumación y consumación, los novios recibieron en audiencia a muchas personalidades entre las que destacó la de Cristobal Colón, recién gran descubridor del Nuevo Mundo, quien, prendado vivamente de la novia, prometió dar su nombre a una de las islas descubiertas.

Tras la boda, los novios continuaron su luna de miel en la corte de Almazán y en junio se trasladaron a Medina del Campo para asistir a las capitulaciones de la infanta Isabel con el Rey Manuel de Portugal. Entre tanto trajín y viaje, sin embargo, el aspecto físico del heredero decaía visiblemente.

Pedro Martir de Anglería en nueva carta a su superior relataba “Preso en el amor de la doncella ya está demasiado pálido nuestro joven Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey, aconsejan a la Reina que alguna vez que otra, aparten a Margarita del lado del Príncipe, que los separe y les de tregua” Y todo ello, también según palabras de Anglería, porque “Se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago”

Pedro Mártir de Anglería
El sacerdote humanista Pedro Mártir de Anglería

La Reina Isabel no consideró necesario acceder a tales consejos – Lo que Dios ha unido…- y continuó con su programa familiar para acompañar a la Infanta Isabel a su entrega al Rey de Portugal en Valencia de Alcántara a finales de septiembre, a donde debieran acudir desde Medina toda la familia real reunida.

Pero en este viaje el Principe enfermó y motivó que, en vez de seguir hasta la entrega de Isabel, se quedase a mitad de camino en Salamanca, a donde efectivamente tuvo que dirigirse, alojándose en la residencia episcopal para ser cuidado bajo la supervisión de su tutor Fray Diego de Deza.

Aunque los médicos habituales, el doctor Soto y el licenciado Guadalupe, empleaban sus mejores remedios para paliar la fiebre y el mal del joven, su tutor Deza escribía a los Reyes para que enviasen a sus médicos personales con urgencia. Eran estos, el de la Reina, el doctor Hernando Álvarez, judeoconverso que regentaba una cátedra de medicina desde hacía veinte años y el del Rey, Juan de la Parra también judío converso.

El Rey recibiendo las noticias cerca de Cáceres, regresó a Salamanca con su médico a marchas forzadas, encontrando a su hijo ya muy mal, aunque con todos los sentidos y a tiempo de intentar animarle.

Juan falleció el 3 de octubre probablemente de tuberculosis o tal vez de otra enfermedad infecciosa ya que la primera era endémica en Castilla por aquella época, siendo poco probable atribuir al exceso de sexo motivo alguno, como muchos supusieron entonces y sentó opinión para la posteridad de la familia , como se  verá.

El propio Diego de Deza amortajó el cadáver con un hábito de San Francisco y le depositó provisionalmente en la catedral de Salamanca.

Con esta muerte se extinguía la dinastía Trastámara en Castilla, nacional, hispana y legitimada ya, para no regresar, dando paso a los Habsburgo.

Los Reyes desolados dispusieron que su enterramiento fuera en el Monasterio de Santo Tomás de Avila. El fallecido, en su testamento disponía que su sepultura fuese “donde sus padres mandasen.”

Sepulcro de Juan de Aragon. Monasterio de Santo Tomás de Avila


Margarita, con solamente diecisiete años quedó encinta, aunque sufrió un aborto, frustrando con ello cualquier posibilidad de sucesión del heredero.

Tres años más tarde, en 1500, regresaría a Gante donde hacía poco había nacido su sobrino Carlos, hijo de su hermano Felipe y su cuñada Juana.

Nuevamente se la concertó una boda, esta vez con Filiberto II de Saboya con quien casó al año siguiente y de quien volvió a enviudar pasados tres años sin haber tenido descendencia.

Regresó a su Flandes natal, con tan solo veinticuatro años de edad y habiendo enviudado dos veces. De allí no volvió a salir, dedicándose muy activamente a la educación de su sobrino Carlos, mas tarde Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.