El Leon de Arlanza

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domingo, 10 de mayo de 2026

Burgos: Ramas tronchadas III.- Encuentro en Quintanapalla

Un niño no muy agraciado .-

Cuando en 1646, dos años después de haber fallecido su primera esposa, Isabel de Borbon, falleció también el príncipe Baltasar Carlos, único hijo varón de Felipe IV habido con ella , volvió a acordarse un nuevo matrimonio real de este en el intento de lograr, in extremis, un heredero a la corona.

Mariana de Austria .Diego Velazquez

La elegida fue su sobrina carnal Mariana de Austria, hija del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Fernando III y de su hermana la infanta Maria Ana de Austria.

Esta niña había estado prometida al príncipe Baltasar Carlos, pero al fallecer este, Felipe IV, casi treinta años mayor que su sobrina, paso a ocupar su lugar.

De esta unión nacieron varios hijos, pero únicamente dos alcanzaron la edad adulta: la infanta Margarita Teresa, posteriormente emperatriz del Sacro Imperio Romano-Germánico, por su matrimonio con el emperador Leopoldo I y el futuro Carlos II.

El niño Carlos nació el 6 de noviembre de 1661 con gran contento de su padre, a pesar de las evidentes malformaciones físicas que presentaba y que hicieron que, en los actos protocolarios de la corte subsiguientes, se le arropara más de lo habitual, supuestamente para ocultarlo.

Tan notoria resultaba esta práctica, que empezó a sospecharse que el niño no fuera tal, sino hembra. Para atajar esta sospecha, el rey se apresuró a invitar al embajador francés Rebenac a que rindiese homenaje al neófito.

Este describió después al recién nacido como “…parece bastante débil; muestra signos visibles de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura…”

Pero, como fuere, alimentado por catorce nodrizas propietarias, y otras tantas de respeto, durante cuatro años, superó la edad de la lactancia y fue en esa edad  cuando falleció su padre, Felipe IV.

Este hecho abrió paso a las tensiones de una regencia presidida por la madre, Mariana, influenciada inicialmente por el Cardenal Nithard, austerísimo jesuita austriaco que llegó a prohibir las representaciones teatrales en la corte con el consiguiente escándalo.


Cardenal Nithard

Tal, que provocó la amenaza de alzamiento en armas del hermanastro Juan José de Austria habido extramatrimonialmente por el rey con la conocida actriz La Calderona, legitimado a todos los efectos y que disfrutaba de amplio respaldo en la nobleza.

Juan Jose de Austria por Carreño Miranda

Finalmente Nithard fue alejado pero la enemistad latente entre la regente y el hermanastro del niño, Juan José, hizo que el valimiento de la reina lo adquiriera un tal Fernando de Valenzuela, hijo de un capitán de los tercios que casó una camarera de la reina y ascendió meteóricamente.

Mientras esto sucedía, Carlos sobrevivía a  múltiples enfermedades y sin gran aprovechamiento de la formación que le impartían el equipo de tutores que le fue designado ,entre los que resultaba destacable el dominico Pedro Álvarez Montenegro.

Todo resultaba en vano para conseguir consolidar la madurez intelectual que se espera de  un futuro rey.

Físicamente estaba claro que la naturaleza no le acompañaba ya que un probable raqutiisimo infantil le impidió caminar por si mismo hasta cumplir los seis años. También superó el sarampión y la varicela además de la viruela, que estuvo a punto de costarle la vida. A lo largo de toda su vida sufrío  reiteradas crisis epilépticas de mayor o menor intensidad, que afortunadamente desaparecían por grandes periodos.

Los pintores de al corte Claudio Coello y Carreño Miranda  atestiguan la evolución del  físico de el joven monarca.

Nuevamente, el embajador francés, escribía en su crónica: “ Las facciones de Carlos II eran alargadas, estrechas y como abobadas, la frente descubierta y chata, la mirada inexpresiva, la nariz colgante como una glándula carnosa entre la frente y la boca, el labio deforme, cayendo sobre la mandíbula y esta sobre el pecho”….en fin, sin piedad ninguna.

El Nuncio, Nicolini, no aportaba nada mejor: :” El rey es mas bien bajo que alto, ,flaco, no muy mal formado, es feo, en su conjunto, el rostro; tiene el cuello largo, la cara y la barbilla largas, con el labio inferior típico de los Austrias, ojos no muy grandes, de color azul turquesa …”  Y en otra posterior: “ …El rey es flaco y feo. Mira con expresión melancólica y un poco asombrada. Si no anda no puede tenerse en pie, como no sea apoyándose contra la pared, una mesa o en alguna persona. Es tan débil de cuerpo como de espíritu. De vez en cuando, no deja de dar muestras de inteligencia, memoria y cierta agudeza, pero la corriente no es eso: ordinariamente se muestra abúlico, apático e insensible, torpe e indolente y parece que esta atontado. Puede hacerse de él lo que se quiera porque carece de voluntad propia”

Carlos II por Carreño Miranda

La ponderación de las opciones nupciales

Próximo a cumplir dieciocho años se ponía cada vez mas de relieve su senescencia o envejecimiento prematuro por lo que, con este material y los tira y afloja entre el valido Valenzuela y el bastardo Juan José, que terminaron finalmente con el extrañamiento del primero, se hacía urgente buscar esposa al príncipe.

La reina madre ya había recibido una petición formal de boda por parte del emperador de Austria para una de sus hijas: “ El señor emperador Carlos V y los señores reyes Felipe II, Felipe III y Felipe IV , de gloriosa memoria han tenido siempre la máxima de casar sus majestades a sus hijos con princesas de la casa de Austria y dar también las infantas, sus hijas a los señores emperadores. Y sus majestades cesáreas han imitado en todos tiempos el mismo dictamen, y de esto han resultado continuamente para ambas partes una suma satisfacción a los príncipes y consuelo a los reinos y vasallos…”

La reina rechazó esta oferta alegando la escasa edad de la pretendiente y, muy a su pesar, de acuerdo con el Consejo de Estado, se optó por la alternativa francesa personificada en María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV, el rey sol, moza casi de la misma edad que Carlos.

Maria Luisa de Orleans
Poderosas razones de estado, en consolidación de la paz de Nimega con Francia, en la desgastadora guerra sostenida por esta contra los Países Bajos y España, motivaron esta elección.

No resultaba muy del agrado ni de la reina madre, Mariana y de las altas esferas nobiliarias y eclesiásticas de España, entre otras razones,  por el gran contraste entre las austeras costumbres locales y la relajación y permisividad de las costumbres francesas de la corte de Luis XIV.

María Luisa era hija del hermano del rey de Francia, Felipe,  duque de Orleans  y su prima Enriqueta de Inglaterra. Este matrimonio, al parecer había sido forzado por el rey ante la escandalosa relación mantenida entre el duque  y Armand de Gramont, conde de Guiche, libertino homosexual ampliamente conocido en aquella corte.

Felipe de Orleans ,padre de la novia


Parece ser que el matrimonio con Enriqueta no acabó con la relación nefanda y que incluso Felipe había encargado dos anillos de compromiso iguales uno para Enriqueta y otro para Armand. En todo caso el fracaso en ocultar el escándalo terminó con Enriqueta convirtiéndose en amante del rey.

Arman de Gramond Conde de Guiche


En este encantador ambiente había crecido María Luisa de cuya efigie, siguiendo la costumbre de la época, se había enviado un retrato a Carlos ,su prometido.

Tan buen impacto  produjo la imagen al soberano que, deslumbrado por la belleza de la novia, se abrazaba continuamente al cuadro exclamando “Mi reina, mi reina!”

Las negociaciones matrimoniales estuvieron, por parte de España a cargo de Pablo Spínola Doria, quien describía a la novia: “Es una princesa de famoso arte y cuerpo, alta proporcionadamente, airosa y bien entallada, ojos y cabellos negros y, lo que mas hace al caso, apta a pronta sucesión”.

El pintor Sebastian Muñoz dejó  un retrato  en el que María Luisa, aunque no fea, no podría decirse que apareciese bella. Sus ojos un poco saltones sobre un rostro alargado y una nariz aguileña ofrecían una imagen personal especial.

Una boda en varias fases y la última inesperada.

La secuencia de esta boda incluía una primera ceremonia nupcial por poderes el 13 de agosto de 1679, en Fontainebleau donde actuó,  en representación del novio, Luis Armando I de Borbón-Conty, príncipe de Conty.

Luis Armando de Borbón-Conty

Luis Armando era bajito y cheposo y no consta la razón de su designación para este papel tan especial. ¿Quizá para ir preparando a la novia de lo que le esperaba?

A la celebración asistieron unos quinientos invitados e incluyó un gran baile y fuegos artificiales. Luis XIV manifestó que no podría haber hecho más por una hija pero se sabe que su sobrina replicó ..”por una hija no, pero por una sobrina ,si”

El 3 de noviembre, tal y como estaba programada, se realizó la solemne entrega de la novía al Marqués de Astorga, mayordomo mayor, en la Isla de los faisanes del río Bidasoa, a su paso por Irún.

Desde allí y con un séquito encabezado en nombre del rey por el Marques de Astorga y el Duque de Osuna, se inició el viaje un tanto accidentado hasta Burgos donde debería confirmarse la unión directamente entre los contrayentes en persona , oficiada por el Patriarca de las Indias. El viaje desde Irun a Burgos se dividia  en diez etapas; Hernani, Villafranca, Zumárraga, Oñate, Salinas, Vitoria, Miranda de Ebro, Pancorbo, Bribiesca, Quintanapalla, para entrar la nueva reina y su séquito solemnemente en la caput castellae el 18 de noviembre del mismo año.



Marques de Astorga

La ciudad de Burgos, por esas fechas en franca decadencia económica y demográfica, estaba lejos de su antiguo esplendor y sin embargo ya desde julio que tuvo noticia del evento, comenzó a preparar los festejos  con el mismo entusiasmo popular y oficial que mostró en ocasiones similares a lo largo de los siglos.

Desde que, el 20 de julio de 1679, el regidor Francisco de San Martín diera cuenta al Concejo burgalés de que “se an publicado los casamientos reales” de Carlos II con la sobrina del rey de Francia12, la ciudad buscó intentar garantizar que el monarca visitase Burgos y, si fuera posible, que los esponsales tuvieran lugar en la antigua Caput Castellae13, pues tenían el “ánimo […] de azer quantos regozijos sean imajinables”

 Con este programa, Carlos había salido de Madrid el sábado ,21 de octubre y llegado a Burgos el 5 de Noviembre, un día antes de cumplir 18 años.

En espera de la llegada de la reina ordena que se aplacen algunas manifestaciones públicas y asiste a representaciones teatrales, acude por las tardes a la Cartuja, para oir a los músicos de su iglesia, y todos los días visita las iglesias mas famosas de la ciudad y sus alrededores.

El día 17, después de dar audiencia a  regidores de Valladolid, que solicitaban que la comitiva real en su viaje de vuelta a Madrid, pasase por aquella localidad, se recibió un mensaje del Marques de Astorga:

«costó el llegar a 16 del corriente, de Briviesca a Quintanpalla, por un pantano casi seguido en cuatro leguas, y sólo diré debió este último lugar a aquella dificultad las honras que logró aquella noche y el día siguiente».

  «Por los malos tiempos y los caminos peores, salió errado de dos días el supuesto de la entrada de la Reyna Nuestra Señora (que Dios guarde) en esta ciudad» Asi que el día diez y ocho del corriente llegaría con la Reyna nuestra señora, y su Real Familia muy temprano al lugar de Quinatana de las Torres (Quintanapalla), corto para tan grandes Huéspedes, pero el más acomodado para hazer alto cerca desta ciudad»  

 Por los accidentes del viaje la reina se ve obligada a quedarse en un mísero lugar «tan corto en su sitio, como desacomodado en su habitación; pero siendo

preciso hazer alto cerca de Burgos, fue el más proprio lugar a este efecto, aunque limitado, a tan glorioso Huésped»

Iglesia de San Esteban Protomártir en Quintanapalla


 Impaciente como un adolescente y ávido de conocer a tan prometedora novia, el rey decide ir a su encuentro y celebrar el matrimonio contra todo lo previsto en la localidad de Quinatanapalla

Domingo 19 de Noviembre. Este día, entre nueve y diez de la mañana partió de esta ciudad a la ligera, y con carroza de seis mulas, con tres paradas que estaban en el camino, S. M. Carlos Segundo a recibir a Quintanapalla o Quintana de las Torres, a S.M. Nuestra Reina Doña María Luisa de Borbón, que la noche antecedente había llegado aquella villa. Tardó sólo en la jornada dos horas, porque a las once ya estaba con su esposa.

Como se lee en Dichas de Quintanapalla, «fue combite de bodas, lo que se pudo suponer no passaría de holla de aldea» (fol. 326v) “entre las 10 y las 11, domingo por la mañana, llego Su Magestad y el duque de Ijar», Medina Celia y el condestable  en Quintanapalla, donde se hizo esta ceremonia, sirviendo el belo el arzediano de Madrid, rebalidandose el matrimonio. Entro Su Magestad y le salió a la penúltima pieza la Reyna nuestra Señora y se turbo algo y se fue a poner de rodillas y el Rey nuestro Señor la recivio en los brazos, y acavada esta función se metieron en el coche, dando el Rey nuestro Señor el mejor lugar a su esposa."

 "Sus Magestades bolbieron a Burgos dentro del coche entrambos,haviendo por aquellos caminos y calles gran numero de onrrados y afectos castellanos biejos, que mobian a terneza ber la lealta (sic) y amor con que se desaçian por berlos, no siendo nuebo en tales vassallos. Dios permita se les alivien las cargas y tributos que pagan,

 Una cedula real eximiría de todo tributo a perpetuidad a Quintanapalla en reconocimiento de este episodio.

 A su llegada a Burgos, entraron por la puerta de San Juan, pasando por la calle de la Puebla hasta llegar al palacio del condestable.

 En el camino desde Gamonal hasta la Casa del Cordón, palacio donde se hospedaron los reales huéspedes, y a pesar de que el rey había dado orden de que no se permitiera la concentración de personas, hubo multitud de gente, pues como dice el cronista de Dichas de Quitanapalla: «fue impossible poner puertas al campo, y prescrivir límites a la más viva, y justa curiosidad, como quiera que la voz esparcida en la tierra de lo que passava en Quintanapalla, se despoblaron seis leguas, los contornos y la misma ciudad de Burgos, para irlo a ver»

 “ Burgos, caput castellae , cámara regia”  émulo de “Roma caput mundi,” no podía dejar pasar esta ocasión para tirar la casa por la ventana en un nuevo intento de unir su nombre y prestigio a la corona y en prueba de su incansable fidelidad, como tantas y tantas veces antaño.

Al día siguiente formaron un cortejo hasta el Monasterio de las Huelgas en histórico simbolismo de fundamento de toda la monarquía española donde comieron con  las monjas  y volvieron a caballo con el mismo boato, precedidos de clarines y maceros, para hacer la entrada triunfal por el Arco de Santa María decorado con pinturas que aun hoy pueden verse.

Maria Luisa de Orleans excelente amazona

“…el arco de Santa María, que se había enriquecido con ninfas, leones, y una esfera que bajaba del cielo, que con una mano ofrecía a la reina una flor de lis y con la otra sujetaba un espejo en el que se reflejaba la flor,un arco iris, una representación de la Fama que repetía versos en honor de la reina, Cupido y Marte, Amaltea, Palas, Vulcano, con algunos cíclopes, Juno, Venus con un Cupido a sus pies y los cisnes, ángeles, coronas, nubes, rosas, guirnaldas, jeroglíficos, motes en latín y en castellano,retratos de los soberanos de la casa de Austria con versos dedicados a cada uno de ellos y otros muchos adornos.”

Pinturas en el interior del Arco de Santa María


 Todo ello se añadía a la ya de por sí rica arquitectura estable de la puerta

 La reina va al palacio arzobispal y llega a la plazuela que llaman del Sarmental, adornada para la ocasión con tapices y ricas colgaduras, y desde allí va a la catedral por la calle de la Lencería,(Actual calle Cadena y Eleta) tan adornada desedas que hasta pudo mudar su nombre, en la calle de la seda.



Antiguo Palacio arzobispal (V.Saez)

Desde un balcón cerca de la iglesia, el rey, encubierto detrás de unacelosía, contempla a su esposa. Al legar al final de la calle las campanas empiezan a tocar para hacer salvas a la soberana, que además es festejada con música y danzas: «en un tablado inmediato a las gradas del atrio de la iglesia los comediantes en forma de sarao, y con tan ligeros rasgos apuntavan en el ayre de las sonoras cuerdas los tonos, que pudo admirarse su habilidad, y dezirse sin hipérbole de los que con tal destreza la gozan» (Aler, p. 76).

María Luisa visita la catedral acompañada por el patriarca de las Indias,Don Antonio Benavides (el arzobispo acababa de morir), y admira la belleza y perfección de la capilla mayor, el crucero y la capilla del condestable.

Al salir de nuevo por la calle Lencería es aclamada por la gente. Arriaga escribe:

 «En poniéndose a caballo en la Iglesia Mayor, su limosnero mayor tiró dos o tres puños de monedas de plata a la gente que vitoreaba a la Reina, que muy alegre se sonreía»….

Y, a partir de ahí, tres días de festejos, representaciones teatrales en escenarios efímeros, construidos al efecto, en las plazas del Mercado Mayor y Menor, fuegos artificiales espectaculares y una corrida con treinta toros… en fin, Burgos volcado en sus reyes como en los siglos , aunque los tiempos, para la primera ciudad castellana por excelencia, habían cambiado ya - para peor - irreversiblemente.


martes, 7 de abril de 2026

Burgos: Ramas tronchadas. II.- Dánae y el rey

 

Una humilde sepultura compartida

Sarracín es una pequeña localidad situada a poco más de cinco leguas al sur de la ciudad de Burgos. En ella existe una pequeña ermita que siglos atrás fue la iglesia de un Convento de Monjas Agustinas activo en el siglo XVII. Es llamada hoy Ermita del Santo Cristo de los Buenos Temporales.

Ermita de Los Buenos Temporales. Sarracín

En su interior, además de la impresionante imagen barroca del Cristo que le da nombre, hay dos urnas encriptadas en el lado del Evangelio con los restos de su fundadora benefactora y un sobrino suyo.

Fue esta señora doña Isabel de Osorio, Señora de Saldañuela, que vivió en tiempos del Emperador Carlos y de Felipe II.

Aunque no consta con certeza su año de nacimiento, se sabe que fue hija de Pedro de Cartagena y Leiva, Señor de Olmillos, descendiente, en grado de tataranieto del Gran obispo de Burgos Pablo de Santamaria, antiguo rabino convertido a la fe católica siglo y medio antes,  y de María de Rojas,  hija de Diego de Osorio y nieta , nada menos que de María Manuel, descendiente del infante Manuel, hijo de Fernando III de Castilla-El Santo- y de Beatriz de Suabia, nieta del emperador del imperio romano de Oriente Isaac II Ángelo.

Beatriz de Suabia Catedral de Sevilla

Pedro y María, debieron desposarse hacia 1515, según investigación del catedrático Teófilo López Mata, teniendo su residencia en la Calle Cantarranas la menor de Burgos, más o menos en el solar que actualmente ocupa el hotel Norte y Londres. Dicha mansión formaba parte del mayorazgo y señorío de Olmillos fundado por su bisabuelo en 1448

Castillo de Olmillos de Sasamon


Isabel, ante este excelente pedigrí - ya que no solo pertenecía por parte de padre a la misma estirpe que la Virgen María, sino que también descendía del Emperador Romano de Oriente y del Mismísimo rey de Castilla Fernando III el Santo - según costumbre de la época, adoptó el apellido de su tío materno, en la idea de ser el de mayor prestigio de los propios.

Su padre, Pedro, además de sus cargos continuos de regidor de Burgos se había distinguido a lo largo de su vida, igual que sus ascendientes, por participar en toda clase de hechos de armas en favor de la ciudad y de la corona. Y particularmente, en las revueltas comuneras de 1520 se manifestó sin sombra de duda en favor del monarca.

Esta actitud constante, tanto de Pedro como de toda su familia anterior, valió las palabras que el Condestable de Castilla Iñigo Fernández de Velasco , escribía al Emperador Carlos : “ Pedro de Cartagena es el procurador que nunca se le pudo apartar vuestro nombre Real del pecho, en todo cuanto estuvo en Tordesillas y las cosas particulares en que allí sirvió que no se pueden así escribir  en carta y son de más calidad y en el que se mostró más valeroso servidor de Vª Majestad… que Vª Majestad se acuerde del para hacerle merced según la calidad de su persona. Burgos, 2 de enero de 1521 “

Sepulcro de Iñigo Fernandez de Velasco Monasterio de Santa Clara. Medina de Pomar.

La gratitud del emperador. -

Desgraciadamente los esposos Pedro de Cartagena y María de Rojas debieron fallecer ambos muy seguidos solamente tres años después, hacia 1524, dejando huérfanas a sus dos únicas hijas, Isabel y María que para entonces debieran contar con ocho años la mayor y seis la menor.

Esa fue la oportunidad de agradecimiento del Emperador Carlos, según la sugerencia de su condestable, nombrando dama de compañía de la emperatriz Isabel de Portugal a Isabel Osorio.

Siendo la burgalesa Isabel descendiente del emperador del Sacro Romano Imperio de Oriente y entrando a formar parte de la corte del emperador del Sacro Romano Imperio Romano Germánico, las cosas estaban en su sitio.

El primogénito del Emperador Carlos, Felipe, nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527 y su padre, una vez que el niño llegó a la edad de nueve años, le designó un equipo de instructores para su educación y un mayordomo, ayo y consejero privado, su amigo de confianza, Juan de Zúñiga Avellaneda y Velasco.

El padre instruía en toda clase órdenes a Felipe, personalmente están en España o mediante numerosas cartas en las que enviaba consejos, directrices e indicaciones de toda naturaleza, pública y privada. “Por quanto vos soys de poca y tierna edad, y no tengo otro hijo sy vos no, ni quiero aver otros, conviene mucho que os guardeys (…) asy para el crecer del cuerpo como para darle fuerzas, muchas veces pone tanta flaqueza que estorba hacer hijos y quita la vida, como hizo al príncipe don Joan (…) no bien hallais consumado el matrimonio, que os aparteis al menor impedimento y que dejéis de visitar a vuestra esposa desde ese momento, y cuando volváis a ella que sea por breve tiempo.” 

La emperatriz Isabel falleció en abril de 1539, con tan solo 36 años, tras su séptimo parto de un niño que nació muerto. Carlos I entró en un duelo tremendo que le tuvo apartado de todo durante dos meses en el convento de Jerónimos de Sisla, ordenando al duque de Gandía acompañar al cadáver a su entierro en Granada, el príncipe Felipe no había cumplido todavía los doce años.

Al fallecer la emperatriz, nuestra Isabel de Osorio pasó a formar parte de la corte de damas de compañía de las infantas María y Juana. Es en este periodo cuando debió iniciarse supuestamente su relación con Felipe.

Cuatro años después, en noviembre de 1543, Felipe casó, siendo príncipe, a los dieciséis años, con su prima María Manuela de Portugal quien resultaba ser más bien gordita para los cánones de entonces y quien, a pesar de tener también dieciséis años, no había tenido aún su primer ciclo menstrual por lo que el matrimonio, según los cánones, no debía consumarse hasta que se hubiera producido este hecho.

Maria Manuela de Portugal

Por suerte este requisito se produjo por fin en agosto del año siguiente, por lo que los príncipes se aplicaron en consecuencia a la procreación, quedando Manuela embarazada en septiembre del mismo año.

 Así que, en julio del año siguiente, 1545, tuvo lugar el parto en Valladolid, durante dos largos días dado el carácter de primigesta de la madre, naciendo Carlos. El parto debió ser épico porque dio lugar a la intervención del médico personal de la princesa, hecho del todo prohibido en los partos reales, quien resultó ser un portugués enano de estatura monstruosamente breve y con una cara hórrida y grande.

Tras la aparición de unas fiebres y delirios de la recién parida, falleció tres días mas tarde, probablemente por una sepsis puerperal originada en un parto tan complicado, dejando al príncipe Felipe viudo y padre de un niño, a los dieciocho años.

Felipe II


Al parecer fue a partir de esta fecha cuando se intensificó la relación entre Felipe e Isabel de Osorio

En 1548 Felipe se tuvo que ausentar de España llamado por su padre a Flandes, dejando a cargo del gobierno a su primo Maximiliano, más tarde Maximiliano III.

 Según relata Alonso de Santa Cruz en Crónica del Emperador:

 La Corte en Valladolid hervía en fiestas, presididas por el Regente,

multiplicándose los torneos, justas, banquetes y bailes a lo largo de 1549.

En una de las justas intervino el príncipe Maximiliano, seguida de un

banquete ofrecido por el marqués de Villena, y de un baile, en el que por

aclamación recibió la joya de mejor galán el príncipe, quien galantemente

la ofreció a Isabel Osorio «pues si a él se le había dado por gentil hombre,

el la quería ofrem'ar a una gentil dama»”

Maximiliano III


 
Tan ostentosa preferencia y homenaje a los atractivos personales de la dama burgalesa, equivalía a ceñirla de una aureola, abierta a la causticidad cortesana y alimentada por rumores que ponían en entredicho la honestidad de la linda muchacha, en opinión de Teófilo López Mata.

Felipe, que regresó en 1551, no se volvería a casar hasta 1554, nueve años después de enviudar, esta vez con María Tudor en Inglaterra, por lo cual, antes, durante y tras su primer breve matrimonio efectivo, Felipe, el primogénito heredero del emperador, soberano de casi todo el mundo cristiano conocido, en plena juventud fogosa, debió mantener sus escarceos con toda clase de damas de su entorno. Se nos relatan, por diversas fuentes, que la nómina de estas incluyó, entre otras, a Eufrasia Guzman, Magdalena Draque, Catalina Laínez y Magdalena Girón.

La hermana menor de Isabel de Osorio, María de Rojas, contrajo matrimonio en 1551 con don Pedro de Velasco, hijo natural de don Pedro Suarez de Figueroa y Velasco, Deán de la Iglesia de Burgos, Abad de Valpuesta y señor de las villas de Cuzcurrita y Silanes.

En esta boda ambos contrayentes fueron espléndidamente dotados, recibiendo el novio de su progenitor e la villa de Cuzcurrita del Rio Tirón y las alcabalas de la misma, fortaleza, molino, viñas y tierras, más el lugar de Silanes.

Castillo de los Velasco .Cuzcurrita de Rio Tirón.

La novia, a su vez, fue espléndidamente dotada con bienes del señorío de Olmillos con el consentimiento y renuncia de Isabel.

 Una imperial abdicación y la creación del Señorío de Saldañuela

El 16 de enero de 1556 abdica Carlos I en su hijo Felipe y, ese mismo año, el 20 de junio   Isabel de Osorio por escritura otorgada en Valladolid, adquiere la torre, casa y propiedades de Saldañuela para, a partir de ahí, constituir un señorío personal. El lugar,  era, casualmente en esas fechas, propiedad del gentilhombre de Cámara del príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II, don Juan de Velasco. El procedimiento de compra fue el del apoderamiento por la compradora, para la compra, a Hernando de Ochoa, casualmente también tesorero de Felipe II.

Palacio de Saldañuela


El hecho en si no hubiese tenido mas trascendencia, de no ser por la pretensión de la compradora, de adquirir para su señorío los lugares de Sarracín, Saldaña, Cojóbar y Olmosalbos, todos ellos al Alfoz y la intendencia de Burgos, cuyo regimiento consideraba la pérdida de estos lugares como un menoscabo grave y gran desprestigio de la propia ciudad.

A pesar de que Burgos recurrió a Felipe II para evitar esta ampliación, no lo consiguió e incluso estuvo a punto de perder también el importante núcleo-entonces- de Cogollos.

El señorío de Saldañuela incluía jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio, simbolizada con orca, picota, cuchillo y soga, con un alcalde Mayor que entendía en todos los asuntos de justicia y al que llegaban apelaciones- cuando no las recibía directamente la Señora-de los alcaldes ordinarios existentes en cada uno de estos lugares.

Esta situación se agravó también para la ciudad cuando, en ese mismo año, abril de 1559, al concertarse la boda de Felipe con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia mediante el tratado de Cateau Cambresis, se generó en la ciudad una expectativa fundada de que bien la boda o bien el tránsito de la francesa a la corte- que necesariamente debiera transcurrir por Burgos- generaría las consecuentes celebraciones, dado el apego y entusiasmo mostrado siempre por la ciudad en favor de los monarcas. 

Piénsese en la construcción del esplendido Arco de Santamaria que hoy disfrutamos, en exclusivo honor de Carlos I. Bien, Felipe II esquivó amable y hasta fríamente todo ofrecimiento de la ciudad en este sentido y Burgos tuvo que desmontar todos los gastos incurridos en la preparación de estos posibles acontecimientos

Arco de Santa María .Burgos

El despecho de Burgos

Esta exclusión de Burgos tanto en la boda de Felipe con Isabel de Valois como en su cuarta y definitiva con su sobrina Ana de Austria, fue especialmente dolorosa e inexplicable para los burgaleses de entonces, que, posiblemente asociando estos hechos, acuñaron el nombre de Palacio de la puta del rey a la casa palacio de Saldañuela como símbolo del conjunto de pérdidas y desaires que sufría la Caput Castellae Cámara Régia, responsabilizando a este hecho de  todo ello.

El estudioso catedrático Teófilo López Mata investigó y analizó meticulosamente y magistralmente todos los documentos relativos a estos procesos de Saldañuela concluyendo, por extracción de cuanto consta y cuanto se omite, en su trabajo “La Dama de Saldañuela”, que hay suficientes evidencias, a pesar de la capa de misterio, de la prolongada relación sentimental entre Felipe II y la burgalesa Isabel de Osorio.

En cuanto a los frutos de dicha relación existe un absoluto vacío de cualquier crónica fiable, excepción hecha del libelo Apología del enemigo encarnizado de Felipe Guillermo de Orange.

Dos testamentos elocuentes

López Mata se fija en el contenido de dos testamentos, por la extraña pero elocuente omisión del uno, y el contenido expresivamente afectivo del otro, para conjeturar las claras probabilidades de que Pedro de Osorio, sobrino y heredero único del señorío de Saldañuela no fuera realmente sobrino sino hijo de Isabel y Felipe, con remotísima probabilidad de que esto pueda comprobarse nunca.

Por resumirlo en breve forma, el testamento de la omisión sospechosa es el del Deán de Valpuesta, Pedro Suarez de Figueroa y Velasco, quien siendo, a su vez, hijo natural del Condestable de Castilla Bernardino Fernández de Velasco (Hijo del Pedro, que está enterrado en la Capilla del Condestable de la Catedral) tuvo dos hijos naturales Bernardino y Pedro constituyendo a favor de este último el señorío de Cuzcurrita y concertando su boda con María, la hermana menor de Isabel. De esta unión, de Pedro y María, nacieron supuestamente dos hijos, Pedro y Juan. Pues bien, en el testamento del Deán, abuelo de ambos, no se menciona en absoluto a Pedro, dejando el caudal hereditario íntegro a Juan, lo cual se explica mal.

Valpuesta


El de la inclusión afectiva es el de la dama de compañía de Isabel, Isabel de Molina, la cual, efectivamente fue mas una dama de compañía y amiga fiel, que una simple criada. Esta Isabel de Molina falleció en Burgos y designó heredera universal de sus bienes a su señora Isabel, así como una manda al “sobrino” de esta D. Pedro de Velasco “por el amor que le tengo”.

Isabel de Osorio debió fallecer en los primeros días de octubre de 1589 ignorándose por ahora todas las circunstancias de su óbito y sin dejar ningún retrato de su espléndida imagen. Quedan, eso sí, dos obras maestras que supuestamente le fueron encargadas a Tiziano por Felipe II para perpetuar, sin nombrar a la modelo, lo que fueron un día sus facciones y hechuras. Ambas se encuentran en el Prado: Venus y Adonis y Dánae recibiendo la lluvia de oro. Pero la historia de estas pinturas no procede, por ahora, en este texto.

Danae y la lluvia de oro. Tiziano.


miércoles, 18 de marzo de 2026

Burgos, ramas tronchadas. Capítulo I.- El último Trastámara.

 

Isabel I de Castilla por Juan de Flandes
Isabel I de Castilla por Juan de Flandes
                                    
Isabel I de Castilla fue dando a luz a sus hijos por toda la geografía de su reino:

Isabel, la mayor, vino al mundo en 1470, un año después de la boda de sus padres que todavía eran solo príncipes, en Dueñas.

Juan de Aragon
El Príncipe Juan de Aragón

Juan, el segundo de sus hijos se hizo esperar porque Isabel había tenido un aborto en 1475 viajando entre Toledo y Avila.  Fue Príncipe de Asturias, por haber sido coronada ya su madre en 1474 y por sexo, nació en Sevilla en 1478.

Juana, más tarde reina de España, en Toledo en 1479.

María, que fue reina consorte de Portugal, en Córdoba en 1482.

Y Catalina, que sería reina consorte de Inglaterra, en Alcalá de Henares en 1485.

Juan, que es de quien este relato trata, nació providencialmente el 29 de junio de 1478, habiendo sido ya proclamada su madre Reina de Castilla y tras esta haber peregrinado previamente, en ruego de heredero varón, a San Juan de Ortega, famoso en todo el reino, por su eficaz intercesión en estos casos. El nombre elegido, Juan, lo fue en honor de ser el mismo nombre que el de sus abuelos paterno y materno, así como el del Santo que supuestamente intercedió en su alumbramiento.

El acontecimiento fue celebrado en todo el reino durante ocho días.

La partera fue una mujer natural de Feria, conocida como la Herradera, y fue bautizado en la Iglesia Mayor de Sevilla el 8 de julio siendo los padrinos el embajador de Venecia, el condestable, el conde de Benavente y la duquesa de Medina Sidonia.

Solamente tres días después del bautizo se produjo en Sevilla un eclipse solar durante tres horas lo que se consideró por algunos un mal presagio.

El príncipe presentaba algunos rasgos de debilidad física, un labio leporino que le dificultaba el habla, y la predisposición a todo tipo de dolencias como gastroenteritis, viruelas y otras. Por todo ello los dos médicos habituales del príncipe, el doctor Soto y el licenciado Guadalupe, cuidaban al paciente con toda clase de medios conocidos en la época. Entre otros, le fueron prescritos el aceite de bacalao y el jugo de carne de tortuga, exótico alimento que proporcionó no pequeños problemas de abastecimiento.

En el proyecto de política matrimonial que gestionaban sus padres le fueron propuestas esposas ya desde su destete. Las opciones contempladas incluyeron ,inicialmente, a su prima Juana – La Beltraneja- quien por optar su entrada en un convento fue descartada según cuenta Hernando del Pulgar.

Catalina de Foix
Catalina de Foix
                                                   
Cuando Juan hubo cumplido cinco años, se negoció por segunda vez su matrimonio, esta vez con Catalina de Foix, hija de Gastón de Foix, príncipe de Viana y sobrina del rey de Francia Luis XI y llamada a ser reina de Navarra. Esta niña era diez años mayor que Juan y por esta razón y por el triunfo de los partidarios navarros de Bearn que no deseaban emparentar con castellanos, la opción fue rechazada por los padres de la novia.

Finalmente se acordó con el emperador del Sacro Romano Imperio Romano- Germánico, Maximiliano I de Habsburgo, un doble enlace de los hermanos, Juan y Juana con los dos hijos de este, Margarita de Austria y Felipe El Hermoso.

Maximiliano I por Alberto Durero
Maximiliano I por Alberto Durero

La historia de Margarita de Austria, previa a este acuerdo, pese a su corta edad, nació en Bruselas en 1480, había sido un poco desventurada.

Efectivamente, en 1483 con solo tres años tuvo lugar su boda con Carlos, el Delfín de Francia que entonces tenía diez años mas que ella, es decir trece. Carlos, además de no gozar de buena salud, era “bajo de estatura, feo de cara, de ojos grandes descoloridos y miopes, nariz aguileña más grande que lo normal, labios gruesos siempre entreabiertos” – Según Contarini, embajador de Venecia- que añadía “tiene además las manos continuamente agitadas por movimientos espasmódicos y es torpe al hablar”

A los dos meses de esta boda, falleció Luis XI, padre de Carlos, convirtiéndose este en Carlos VIII y Margarita, en reina consorte de la corte francesa. Esta situación, sin embargo, duró poco porque Carlos concertó su boda con Ana de Bretaña que hasta ese momento estaba comprometida con su suegro Maximiliano I, repudiando simultáneamente a Margarita.

Carlos VIII de Francia

La niña Margarita convivió con su ex marido y su nueva esposa  en el castillo de Ambois durante dos años  tras los cuales fue devuelta a su Bruselas natal, explicando estos hechos insólitos y poco gratos para Maximiliano, la decisión del Emperador de unirse a Castilla con el doble vínculo nupcial de sus hijos.

Catedral de San Rumoldo en Malinas


Rápidamente se celebró la boda de Juan y Margarita por poderes en la catedral de San Rumoldo de Malinas y se aparejó una escuadra al mando del señor de Medina de Rioseco y Almirante de Castilla don Fadrique Enriquez para llevar a la infanta Juana a Flesinga a su prometido Felipe y traer de vuelta a la princesa Margarita para celebrar la boda solemne con su hermano Juan en la catedral de Burgos.

El Almirante Fadrique Enriquez
El Almirante Fadrique Enriquez

La Catedral para esas fechas tenía terminadas las dos imponentes agujas de gótico flamígero, obra de Juan de Colonia, que afortunadamente contemplamos todavía hoy , proporcionando adecuado empaque al singular evento.

La travesía de vuelta transportando a Margarita fue tan accidentada por los temporales de la mar, que produjo serios temores en la novia de morir doncella a pesar de haberse casado dos veces.

Finalmente, la flota arribó a Santander con retraso, pero sin novedad el 6 de marzo lo que suponía tener que elegir para la ceremonia una fecha dentro de la Cuaresma por lo que hubo necesidad de pedir dispensa eclesiástica de una bula al Papa Alejandro VI.

Trasladaron a Burgos a Margarita en una carroza no vista antes en Castilla y a su llegada, su porte y su belleza causaron gran sensación en los cortesanos, el pueblo y por supuesto, el novio.

Margarita de Austria

Pedro Mártir de Anglería, cronista de la corte, escribía en una carta al Cardenal de Santa Cruz “Si la vieras, te harías la idea de que estás contemplando a la misma Venus. Cual en belleza, porte y edad pudo Marte desear a Citerea”

La boda se celebró finalmente el cuatro de abril de 1497 con grandes festejos y juegos durante días, en la ciudad de Burgos.

Burgos


Durante esos días, entre consumación y consumación, los novios recibieron en audiencia a muchas personalidades entre las que destacó la de Cristobal Colón, recién gran descubridor del Nuevo Mundo, quien, prendado vivamente de la novia, prometió dar su nombre a una de las islas descubiertas.

Tras la boda, los novios continuaron su luna de miel en la corte de Almazán y en junio se trasladaron a Medina del Campo para asistir a las capitulaciones de la infanta Isabel con el Rey Manuel de Portugal. Entre tanto trajín y viaje, sin embargo, el aspecto físico del heredero decaía visiblemente.

Pedro Martir de Anglería en nueva carta a su superior relataba “Preso en el amor de la doncella ya está demasiado pálido nuestro joven Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey, aconsejan a la Reina que alguna vez que otra, aparten a Margarita del lado del Príncipe, que los separe y les de tregua” Y todo ello, también según palabras de Anglería, porque “Se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago”

Pedro Mártir de Anglería
El sacerdote humanista Pedro Mártir de Anglería

La Reina Isabel no consideró necesario acceder a tales consejos – Lo que Dios ha unido…- y continuó con su programa familiar para acompañar a la Infanta Isabel a su entrega al Rey de Portugal en Valencia de Alcántara a finales de septiembre, a donde debieran acudir desde Medina toda la familia real reunida.

Pero en este viaje el Principe enfermó y motivó que, en vez de seguir hasta la entrega de Isabel, se quedase a mitad de camino en Salamanca, a donde efectivamente tuvo que dirigirse, alojándose en la residencia episcopal para ser cuidado bajo la supervisión de su tutor Fray Diego de Deza.

Aunque los médicos habituales, el doctor Soto y el licenciado Guadalupe, empleaban sus mejores remedios para paliar la fiebre y el mal del joven, su tutor Deza escribía a los Reyes para que enviasen a sus médicos personales con urgencia. Eran estos, el de la Reina, el doctor Hernando Álvarez, judeoconverso que regentaba una cátedra de medicina desde hacía veinte años y el del Rey, Juan de la Parra también judío converso.

El Rey recibiendo las noticias cerca de Cáceres, regresó a Salamanca con su médico a marchas forzadas, encontrando a su hijo ya muy mal, aunque con todos los sentidos y a tiempo de intentar animarle.

Juan falleció el 3 de octubre probablemente de tuberculosis o tal vez de otra enfermedad infecciosa ya que la primera era endémica en Castilla por aquella época, siendo poco probable atribuir al exceso de sexo motivo alguno, como muchos supusieron entonces y sentó opinión para la posteridad de la familia , como se  verá.

El propio Diego de Deza amortajó el cadáver con un hábito de San Francisco y le depositó provisionalmente en la catedral de Salamanca.

Con esta muerte se extinguía la dinastía Trastámara en Castilla, nacional, hispana y legitimada ya, para no regresar, dando paso a los Habsburgo.

Los Reyes desolados dispusieron que su enterramiento fuera en el Monasterio de Santo Tomás de Avila. El fallecido, en su testamento disponía que su sepultura fuese “donde sus padres mandasen.”

Sepulcro de Juan de Aragon. Monasterio de Santo Tomás de Avila


Margarita, con solamente diecisiete años quedó encinta, aunque sufrió un aborto, frustrando con ello cualquier posibilidad de sucesión del heredero.

Tres años más tarde, en 1500, regresaría a Gante donde hacía poco había nacido su sobrino Carlos, hijo de su hermano Felipe y su cuñada Juana.

Nuevamente se la concertó una boda, esta vez con Filiberto II de Saboya con quien casó al año siguiente y de quien volvió a enviudar pasados tres años sin haber tenido descendencia.

Regresó a su Flandes natal, con tan solo veinticuatro años de edad y habiendo enviudado dos veces. De allí no volvió a salir, dedicándose muy activamente a la educación de su sobrino Carlos, mas tarde Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.