El Leon de Arlanza

El Leon de Arlanza
El Leon de Arlanza

martes, 7 de abril de 2026

Burgos: Ramas tronchadas. II.- Dánae y el rey

 

Una humilde sepultura compartida

Sarracín es una pequeña localidad situada a poco más de cinco leguas al sur de la ciudad de Burgos. En ella existe una pequeña ermita que siglos atrás fue la iglesia de un Convento de Monjas Agustinas activo en el siglo XVII. Es llamada hoy Ermita del Santo Cristo de los Buenos Temporales.

Ermita de Los Buenos Temporales. Sarracín

En su interior, además de la impresionante imagen barroca del Cristo que le da nombre, hay dos urnas encriptadas en el lado del Evangelio con los restos de su fundadora benefactora y un sobrino suyo.

Fue esta señora doña Isabel de Osorio, Señora de Saldañuela, que vivió en tiempos del Emperador Carlos y de Felipe II.

Aunque no consta con certeza su año de nacimiento, se sabe que fue hija de Pedro de Cartagena y Leiva, Señor de Olmillos, descendiente, en grado de tataranieto del Gran obispo de Burgos Pablo de Santamaria, antiguo rabino convertido a la fe católica siglo y medio antes,  y de María de Rojas,  hija de Diego de Osorio y nieta , nada menos que de María Manuel, descendiente del infante Manuel, hijo de Fernando III de Castilla-El Santo- y de Beatriz de Suabia, nieta del emperador del imperio romano de Oriente Isaac II Ángelo.

Beatriz de Suabia Catedral de Sevilla

Pedro y María, debieron desposarse hacia 1515, según investigación del catedrático Teófilo López Mata, teniendo su residencia en la Calle Cantarranas la menor de Burgos, más o menos en el solar que actualmente ocupa el hotel Norte y Londres. Dicha mansión formaba parte del mayorazgo y señorío de Olmillos fundado por su bisabuelo en 1448

Castillo de Olmillos de Sasamon


Isabel, ante este excelente pedigrí - ya que no solo pertenecía por parte de padre a la misma estirpe que la Virgen María, sino que también descendía del Emperador Romano de Oriente y del Mismísimo rey de Castilla Fernando III el Santo - según costumbre de la época, adoptó el apellido de su tío materno, en la idea de ser el de mayor prestigio de los propios.

Su padre, Pedro, además de sus cargos continuos de regidor de Burgos se había distinguido a lo largo de su vida, igual que sus ascendientes, por participar en toda clase de hechos de armas en favor de la ciudad y de la corona. Y particularmente, en las revueltas comuneras de 1520 se manifestó sin sombra de duda en favor del monarca.

Esta actitud constante, tanto de Pedro como de toda su familia anterior, valió las palabras que el Condestable de Castilla Iñigo Fernández de Velasco , escribía al Emperador Carlos : “ Pedro de Cartagena es el procurador que nunca se le pudo apartar vuestro nombre Real del pecho, en todo cuanto estuvo en Tordesillas y las cosas particulares en que allí sirvió que no se pueden así escribir  en carta y son de más calidad y en el que se mostró más valeroso servidor de Vª Majestad… que Vª Majestad se acuerde del para hacerle merced según la calidad de su persona. Burgos, 2 de enero de 1521 “

Sepulcro de Iñigo Fernandez de Velasco Monasterio de Santa Clara. Medina de Pomar.

La gratitud del emperador. -

Desgraciadamente los esposos Pedro de Cartagena y María de Rojas debieron fallecer ambos muy seguidos solamente tres años después, hacia 1524, dejando huérfanas a sus dos únicas hijas, Isabel y María que para entonces debieran contar con ocho años la mayor y seis la menor.

Esa fue la oportunidad de agradecimiento del Emperador Carlos, según la sugerencia de su condestable, nombrando dama de compañía de la emperatriz Isabel de Portugal a Isabel Osorio.

Siendo la burgalesa Isabel descendiente del emperador del Sacro Romano Imperio de Oriente y entrando a formar parte de la corte del emperador del Sacro Romano Imperio Romano Germánico, las cosas estaban en su sitio.

El primogénito del Emperador Carlos, Felipe, nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527 y su padre, una vez que el niño llegó a la edad de nueve años, le designó un equipo de instructores para su educación y un mayordomo, ayo y consejero privado, su amigo de confianza, Juan de Zúñiga Avellaneda y Velasco.

El padre instruía en toda clase órdenes a Felipe, personalmente están en España o mediante numerosas cartas en las que enviaba consejos, directrices e indicaciones de toda naturaleza, pública y privada. “Por quanto vos soys de poca y tierna edad, y no tengo otro hijo sy vos no, ni quiero aver otros, conviene mucho que os guardeys (…) asy para el crecer del cuerpo como para darle fuerzas, muchas veces pone tanta flaqueza que estorba hacer hijos y quita la vida, como hizo al príncipe don Joan (…) no bien hallais consumado el matrimonio, que os aparteis al menor impedimento y que dejéis de visitar a vuestra esposa desde ese momento, y cuando volváis a ella que sea por breve tiempo.” 

La emperatriz Isabel falleció en abril de 1539, con tan solo 36 años, tras su séptimo parto de un niño que nació muerto. Carlos I entró en un duelo tremendo que le tuvo apartado de todo durante dos meses en el convento de Jerónimos de Sisla, ordenando al duque de Gandía acompañar al cadáver a su entierro en Granada, el príncipe Felipe no había cumplido todavía los doce años.

Al fallecer la emperatriz, nuestra Isabel de Osorio pasó a formar parte de la corte de damas de compañía de las infantas María y Juana. Es en este periodo cuando debió iniciarse supuestamente su relación con Felipe.

Cuatro años después, en noviembre de 1543, Felipe casó, siendo príncipe, a los dieciséis años, con su prima María Manuela de Portugal quien resultaba ser más bien gordita para los cánones de entonces y quien, a pesar de tener también dieciséis años, no había tenido aún su primer ciclo menstrual por lo que el matrimonio, según los cánones, no debía consumarse hasta que se hubiera producido este hecho.

Maria Manuela de Portugal

Por suerte este requisito se produjo por fin en agosto del año siguiente, por lo que los príncipes se aplicaron en consecuencia a la procreación, quedando Manuela embarazada en septiembre del mismo año.

 Así que, en julio del año siguiente, 1545, tuvo lugar el parto en Valladolid, durante dos largos días dado el carácter de primigesta de la madre, naciendo Carlos. El parto debió ser épico porque dio lugar a la intervención del médico personal de la princesa, hecho del todo prohibido en los partos reales, quien resultó ser un portugués enano de estatura monstruosamente breve y con una cara hórrida y grande.

Tras la aparición de unas fiebres y delirios de la recién parida, falleció tres días mas tarde, probablemente por una sepsis puerperal originada en un parto tan complicado, dejando al príncipe Felipe viudo y padre de un niño, a los dieciocho años.

Felipe II


Al parecer fue a partir de esta fecha cuando se intensificó la relación entre Felipe e Isabel de Osorio

En 1548 Felipe se tuvo que ausentar de España llamado por su padre a Flandes, dejando a cargo del gobierno a su primo Maximiliano, más tarde Maximiliano III.

 Según relata Alonso de Santa Cruz en Crónica del Emperador:

 La Corte en Valladolid hervía en fiestas, presididas por el Regente,

multiplicándose los torneos, justas, banquetes y bailes a lo largo de 1549.

En una de las justas intervino el príncipe Maximiliano, seguida de un

banquete ofrecido por el marqués de Villena, y de un baile, en el que por

aclamación recibió la joya de mejor galán el príncipe, quien galantemente

la ofreció a Isabel Osorio «pues si a él se le había dado por gentil hombre,

el la quería ofrem'ar a una gentil dama»”

Maximiliano III


 
Tan ostentosa preferencia y homenaje a los atractivos personales de la dama burgalesa, equivalía a ceñirla de una aureola, abierta a la causticidad cortesana y alimentada por rumores que ponían en entredicho la honestidad de la linda muchacha, en opinión de Teófilo López Mata.

Felipe, que regresó en 1551, no se volvería a casar hasta 1554, nueve años después de enviudar, esta vez con María Tudor en Inglaterra, por lo cual, antes, durante y tras su primer breve matrimonio efectivo, Felipe, el primogénito heredero del emperador, soberano de casi todo el mundo cristiano conocido, en plena juventud fogosa, debió mantener sus escarceos con toda clase de damas de su entorno. Se nos relatan, por diversas fuentes, que la nómina de estas incluyó, entre otras, a Eufrasia Guzman, Magdalena Draque, Catalina Laínez y Magdalena Girón.

La hermana menor de Isabel de Osorio, María de Rojas, contrajo matrimonio en 1551 con don Pedro de Velasco, hijo natural de don Pedro Suarez de Figueroa y Velasco, Deán de la Iglesia de Burgos, Abad de Valpuesta y señor de las villas de Cuzcurrita y Silanes.

En esta boda ambos contrayentes fueron espléndidamente dotados, recibiendo el novio de su progenitor e la villa de Cuzcurrita del Rio Tirón y las alcabalas de la misma, fortaleza, molino, viñas y tierras, más el lugar de Silanes.

Castillo de los Velasco .Cuzcurrita de Rio Tirón.

La novia, a su vez, fue espléndidamente dotada con bienes del señorío de Olmillos con el consentimiento y renuncia de Isabel.

 Una imperial abdicación y la creación del Señorío de Saldañuela

El 16 de enero de 1556 abdica Carlos I en su hijo Felipe y, ese mismo año, el 20 de junio   Isabel de Osorio por escritura otorgada en Valladolid, adquiere la torre, casa y propiedades de Saldañuela para, a partir de ahí, constituir un señorío personal. El lugar,  era, casualmente en esas fechas, propiedad del gentilhombre de Cámara del príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II, don Juan de Velasco. El procedimiento de compra fue el del apoderamiento por la compradora, para la compra, a Hernando de Ochoa, casualmente también tesorero de Felipe II.

Palacio de Saldañuela


El hecho en si no hubiese tenido mas trascendencia, de no ser por la pretensión de la compradora, de adquirir para su señorío los lugares de Sarracín, Saldaña, Cojóbar y Olmosalbos, todos ellos al Alfoz y la intendencia de Burgos, cuyo regimiento consideraba la pérdida de estos lugares como un menoscabo grave y gran desprestigio de la propia ciudad.

A pesar de que Burgos recurrió a Felipe II para evitar esta ampliación, no lo consiguió e incluso estuvo a punto de perder también el importante núcleo-entonces- de Cogollos.

El señorío de Saldañuela incluía jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio, simbolizada con orca, picota, cuchillo y soga, con un alcalde Mayor que entendía en todos los asuntos de justicia y al que llegaban apelaciones- cuando no las recibía directamente la Señora-de los alcaldes ordinarios existentes en cada uno de estos lugares.

Esta situación se agravó también para la ciudad cuando, en ese mismo año, abril de 1559, al concertarse la boda de Felipe con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia mediante el tratado de Cateau Cambresis, se generó en la ciudad una expectativa fundada de que bien la boda o bien el tránsito de la francesa a la corte- que necesariamente debiera transcurrir por Burgos- generaría las consecuentes celebraciones, dado el apego y entusiasmo mostrado siempre por la ciudad en favor de los monarcas. 

Piénsese en la construcción del esplendido Arco de Santamaria que hoy disfrutamos, en exclusivo honor de Carlos I. Bien, Felipe II esquivó amable y hasta fríamente todo ofrecimiento de la ciudad en este sentido y Burgos tuvo que desmontar todos los gastos incurridos en la preparación de estos posibles acontecimientos

Arco de Santa María .Burgos

El despecho de Burgos

Esta exclusión de Burgos tanto en la boda de Felipe con Isabel de Valois como en su cuarta y definitiva con su sobrina Ana de Austria, fue especialmente dolorosa e inexplicable para los burgaleses de entonces, que, posiblemente asociando estos hechos, acuñaron el nombre de Palacio de la puta del rey a la casa palacio de Saldañuela como símbolo del conjunto de pérdidas y desaires que sufría la Caput Castellae Cámara Régia, responsabilizando a este hecho de  todo ello.

El estudioso catedrático Teófilo López Mata investigó y analizó meticulosamente y magistralmente todos los documentos relativos a estos procesos de Saldañuela concluyendo, por extracción de cuanto consta y cuanto se omite, en su trabajo “La Dama de Saldañuela”, que hay suficientes evidencias, a pesar de la capa de misterio, de la prolongada relación sentimental entre Felipe II y la burgalesa Isabel de Osorio.

En cuanto a los frutos de dicha relación existe un absoluto vacío de cualquier crónica fiable, excepción hecha del libelo Apología del enemigo encarnizado de Felipe Guillermo de Orange.

Dos testamentos elocuentes

López Mata se fija en el contenido de dos testamentos, por la extraña pero elocuente omisión del uno, y el contenido expresivamente afectivo del otro, para conjeturar las claras probabilidades de que Pedro de Osorio, sobrino y heredero único del señorío de Saldañuela no fuera realmente sobrino sino hijo de Isabel y Felipe, con remotísima probabilidad de que esto pueda comprobarse nunca.

Por resumirlo en breve forma, el testamento de la omisión sospechosa es el del Deán de Valpuesta, Pedro Suarez de Figueroa y Velasco, quien siendo, a su vez, hijo natural del Condestable de Castilla Bernardino Fernández de Velasco (Hijo del Pedro, que está enterrado en la Capilla del Condestable de la Catedral) tuvo dos hijos naturales Bernardino y Pedro constituyendo a favor de este último el señorío de Cuzcurrita y concertando su boda con María, la hermana menor de Isabel. De esta unión, de Pedro y María, nacieron supuestamente dos hijos, Pedro y Juan. Pues bien, en el testamento del Deán, abuelo de ambos, no se menciona en absoluto a Pedro, dejando el caudal hereditario íntegro a Juan, lo cual se explica mal.

Valpuesta


El de la inclusión afectiva es el de la dama de compañía de Isabel, Isabel de Molina, la cual, efectivamente fue mas una dama de compañía y amiga fiel, que una simple criada. Esta Isabel de Molina falleció en Burgos y designó heredera universal de sus bienes a su señora Isabel, así como una manda al “sobrino” de esta D. Pedro de Velasco “por el amor que le tengo”.

Isabel de Osorio debió fallecer en los primeros días de octubre de 1589 ignorándose por ahora todas las circunstancias de su óbito y sin dejar ningún retrato de su espléndida imagen. Quedan, eso sí, dos obras maestras que supuestamente le fueron encargadas a Tiziano por Felipe II para perpetuar, sin nombrar a la modelo, lo que fueron un día sus facciones y hechuras. Ambas se encuentran en el Prado: Venus y Adonis y Dánae recibiendo la lluvia de oro. Pero la historia de estas pinturas no procede, por ahora, en este texto.

Danae y la lluvia de oro. Tiziano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario