Cuando en 1646, dos años después de haber fallecido su primera esposa, Isabel de Borbon, falleció también el príncipe Baltasar Carlos, único hijo varón de Felipe IV habido con ella , volvió a acordarse un nuevo matrimonio real de este en el intento de lograr, in extremis, un heredero a la corona.
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| Mariana de Austria .Diego Velazquez |
La elegida fue su sobrina carnal Mariana de Austria, hija del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Fernando III y de su hermana la infanta Maria Ana de Austria.
Esta
niña había estado prometida al príncipe Baltasar Carlos, pero al fallecer este,
Felipe IV, casi treinta años mayor que su sobrina, paso a ocupar su lugar.
De esta unión nacieron varios hijos, pero
únicamente dos alcanzaron la edad adulta: la infanta Margarita Teresa, posteriormente emperatriz del Sacro Imperio Romano-Germánico, por
su matrimonio con el emperador Leopoldo I y el futuro Carlos II.
El niño Carlos nació el 6 de noviembre de 1661
con gran contento de su padre, a pesar de las evidentes malformaciones físicas
que presentaba y que hicieron que, en los actos protocolarios de la corte
subsiguientes, se le arropara más de lo habitual, supuestamente para ocultarlo.
Tan notoria resultaba esta práctica, que empezó
a sospecharse que el niño no fuera tal, sino hembra. Para atajar esta sospecha,
el rey se apresuró a invitar al embajador francés Rebenac a que rindiese
homenaje al neófito.
Este describió después al recién nacido como “…parece
bastante débil; muestra signos visibles de degeneración; tiene flemones en las
mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura…”
Pero, como fuere, alimentado por catorce nodrizas propietarias, y otras tantas de respeto, durante cuatro años, superó la edad de la lactancia y fue en esa edad cuando falleció su padre, Felipe IV.
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| Cardenal Nithard |
Tal, que provocó la amenaza de alzamiento en armas del hermanastro Juan José de Austria habido extramatrimonialmente por el rey con la conocida actriz La Calderona, legitimado a todos los efectos y que disfrutaba de amplio respaldo en la nobleza.
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| Juan Jose de Austria por Carreño Miranda |
Finalmente Nithard fue alejado pero la
enemistad latente entre la regente y el hermanastro del niño, Juan José, hizo
que el valimiento de la reina lo adquiriera un tal Fernando de Valenzuela, hijo
de un capitán de los tercios que casó una camarera de la reina y ascendió
meteóricamente.
Mientras esto sucedía, Carlos sobrevivía a múltiples enfermedades y sin gran
aprovechamiento de la formación que le impartían el equipo de tutores que le
fue designado ,entre los que resultaba destacable el dominico Pedro Álvarez
Montenegro.
Todo resultaba en vano para conseguir
consolidar la madurez intelectual que se espera de un futuro rey.
Físicamente estaba claro que la naturaleza no
le acompañaba ya que un probable raqutiisimo infantil le impidió caminar por si
mismo hasta cumplir los seis años. También superó el sarampión y la varicela
además de la viruela, que estuvo a punto de costarle la vida. A lo largo de
toda su vida sufrío reiteradas crisis
epilépticas de mayor o menor intensidad, que afortunadamente desaparecían por
grandes periodos.
Los pintores de al corte Claudio Coello y
Carreño Miranda atestiguan la evolución del físico de el joven monarca.
Nuevamente, el embajador francés, escribía en
su crónica: “ Las facciones de Carlos II eran alargadas, estrechas y como
abobadas, la frente descubierta y chata, la mirada inexpresiva, la nariz
colgante como una glándula carnosa entre la frente y la boca, el labio deforme,
cayendo sobre la mandíbula y esta sobre el pecho”….en fin, sin piedad
ninguna.
El Nuncio, Nicolini, no aportaba nada mejor: :”
El rey es mas bien bajo que alto, ,flaco, no muy mal formado, es feo, en su
conjunto, el rostro; tiene el cuello largo, la cara y la barbilla largas, con
el labio inferior típico de los Austrias, ojos no muy grandes, de color azul
turquesa …” Y en otra posterior: “
…El rey es flaco y feo. Mira con expresión melancólica y un poco asombrada. Si
no anda no puede tenerse en pie, como no sea apoyándose contra la pared, una
mesa o en alguna persona. Es tan débil de cuerpo como de espíritu. De vez en
cuando, no deja de dar muestras de inteligencia, memoria y cierta agudeza, pero
la corriente no es eso: ordinariamente se muestra abúlico, apático e insensible,
torpe e indolente y parece que esta atontado. Puede hacerse de él lo que se
quiera porque carece de voluntad propia”
La ponderación de las opciones nupciales
Próximo a cumplir dieciocho años se ponía cada
vez mas de relieve su senescencia o envejecimiento prematuro por lo que, con este material y los tira y afloja
entre el valido Valenzuela y el bastardo Juan José, que terminaron finalmente
con el extrañamiento del primero, se hacía urgente buscar esposa al príncipe.
La reina madre ya había recibido una petición
formal de boda por parte del emperador de Austria para una de sus hijas: “
El señor emperador Carlos V y los señores reyes Felipe II, Felipe III y Felipe
IV , de gloriosa memoria han tenido siempre la máxima de casar sus majestades a
sus hijos con princesas de la casa de Austria y dar también las infantas, sus
hijas a los señores emperadores. Y sus majestades cesáreas han imitado en todos
tiempos el mismo dictamen, y de esto han resultado continuamente para ambas
partes una suma satisfacción a los príncipes y consuelo a los reinos y
vasallos…”
La reina rechazó esta oferta alegando la escasa
edad de la pretendiente y, muy a su pesar, de acuerdo con el Consejo de Estado,
se optó por la alternativa francesa personificada en María Luisa de Orleans,
sobrina de Luis XIV, el rey sol, moza casi de la misma edad que Carlos.
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| Maria Luisa de Orleans |
No resultaba muy del agrado ni de la reina
madre, Mariana y de las altas esferas nobiliarias y eclesiásticas de España,
entre otras razones, por el gran
contraste entre las austeras costumbres locales y la relajación y permisividad de
las costumbres francesas de la corte de Luis XIV.
María Luisa era hija del hermano del rey de
Francia, Felipe, duque de Orleans y su prima Enriqueta de Inglaterra. Este
matrimonio, al parecer había sido forzado por el rey ante la escandalosa
relación mantenida entre el duque y
Armand de Gramont, conde de Guiche, libertino homosexual ampliamente conocido
en aquella corte.
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| Felipe de Orleans ,padre de la novia |
Parece ser que el matrimonio con Enriqueta no
acabó con la relación nefanda y que incluso Felipe había encargado dos anillos
de compromiso iguales uno para Enriqueta y otro para Armand. En todo caso el
fracaso en ocultar el escándalo terminó con Enriqueta convirtiéndose en amante
del rey.
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| Arman de Gramond Conde de Guiche |
En este encantador ambiente había crecido María Luisa de cuya efigie, siguiendo la costumbre de la época, se había enviado un retrato a Carlos ,su prometido.
Tan buen impacto produjo la imagen al soberano que, deslumbrado
por la belleza de la novia, se abrazaba continuamente al cuadro exclamando “Mi
reina, mi reina!”
Las negociaciones matrimoniales estuvieron, por
parte de España a cargo de Pablo Spínola Doria, quien describía a la novia: “Es
una princesa de famoso arte y cuerpo, alta proporcionadamente, airosa y bien
entallada, ojos y cabellos negros y, lo que mas hace al caso, apta a pronta
sucesión”.
El pintor Sebastian Muñoz dejó un retrato
en el que María Luisa, aunque no fea, no podría decirse que apareciese
bella. Sus ojos un poco saltones sobre un rostro alargado y una nariz aguileña
ofrecían una imagen personal especial.
Una boda en varias fases y la última
inesperada.
La secuencia de esta boda incluía una primera
ceremonia nupcial por poderes el 13 de agosto de 1679, en Fontainebleau donde
actuó, en representación del novio, Luis
Armando I de Borbón-Conty, príncipe de Conty.
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| Luis Armando de Borbón-Conty |
Luis Armando era bajito y cheposo y no consta la razón de su designación para este papel tan especial. ¿Quizá para ir preparando a la novia de lo que le esperaba?
A la celebración asistieron unos quinientos
invitados e incluyó un gran baile y fuegos artificiales. Luis XIV manifestó que
no podría haber hecho más por una hija pero se sabe que su sobrina replicó ..”por
una hija no, pero por una sobrina ,si”
El 3 de noviembre, tal y como estaba
programada, se realizó la solemne entrega de la novía al Marqués de Astorga,
mayordomo mayor, en la Isla de los faisanes del río Bidasoa, a su paso por Irún.
Desde allí y con un séquito encabezado en
nombre del rey por el Marques de Astorga y el Duque de Osuna, se inició el
viaje un tanto accidentado hasta Burgos donde debería confirmarse la unión directamente
entre los contrayentes en persona , oficiada por el Patriarca de las Indias. El
viaje desde Irun a Burgos se dividia en
diez etapas; Hernani, Villafranca, Zumárraga, Oñate, Salinas, Vitoria, Miranda
de Ebro, Pancorbo, Bribiesca, Quintanapalla, para entrar la nueva reina y su
séquito solemnemente en la caput castellae el 18 de noviembre del mismo año.
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| Marques de Astorga |
La ciudad de Burgos, por esas fechas en franca
decadencia económica y demográfica, estaba lejos de su antiguo esplendor y sin
embargo ya desde julio que tuvo noticia del evento, comenzó a preparar los
festejos con el mismo entusiasmo popular
y oficial que mostró en ocasiones similares a lo largo de los siglos.
Desde que, el 20 de julio de 1679, el regidor Francisco de San Martín diera
cuenta al Concejo burgalés de que “se an publicado los casamientos reales” de
Carlos II con la sobrina del rey de Francia12, la ciudad buscó intentar garantizar
que el monarca visitase Burgos y, si fuera posible, que los esponsales tuvieran
lugar en la antigua Caput Castellae13, pues tenían el “ánimo […] de azer quantos regozijos sean imajinables”
En espera de la llegada de la reina ordena que
se aplacen algunas manifestaciones públicas y asiste a representaciones
teatrales, acude por las tardes a la Cartuja, para oir a los músicos de su
iglesia, y todos los días visita las iglesias mas famosas de la ciudad y sus
alrededores.
El día 17, después de dar audiencia a regidores de Valladolid, que solicitaban que
la comitiva real en su viaje de vuelta a Madrid, pasase por aquella localidad,
se recibió un mensaje del Marques de Astorga:
«costó el llegar a 16 del corriente, de Briviesca a
Quintanpalla, por un pantano casi seguido en cuatro leguas, y sólo diré debió
este último lugar a aquella dificultad las honras que logró aquella noche y el
día siguiente».
«Por los malos tiempos y los caminos peores, salió errado de dos días el supuesto de la entrada de la Reyna Nuestra Señora (que Dios guarde) en esta ciudad» Asi que el día diez y ocho del corriente llegaría con la Reyna nuestra señora, y su Real Familia muy temprano al lugar de Quinatana de las Torres (Quintanapalla), corto para tan grandes Huéspedes, pero el más acomodado para hazer alto cerca desta ciudad»
Por los accidentes del viaje la reina se ve obligada a quedarse en un mísero lugar «tan corto en su sitio, como desacomodado en su habitación; pero siendo
preciso hazer alto cerca de
Burgos, fue el más proprio lugar a este efecto, aunque limitado, a tan glorioso
Huésped»

Iglesia de San Esteban Protomártir en Quintanapalla
Impaciente como un adolescente y ávido de conocer a tan prometedora novia, el rey decide ir a su encuentro y celebrar el matrimonio contra todo lo previsto en la localidad de Quinatanapalla
Domingo 19 de Noviembre. Este día, entre nueve y diez de la mañana partió de esta ciudad a la ligera, y con carroza de seis mulas, con tres paradas que estaban en el camino, S. M. Carlos Segundo a recibir a Quintanapalla o Quintana de las Torres, a S.M. Nuestra Reina Doña María Luisa de Borbón, que la noche antecedente había llegado aquella villa. Tardó sólo en la jornada dos horas, porque a las once ya estaba con su esposa.
Como se lee en Dichas de Quintanapalla, «fue combite de bodas, lo que se pudo suponer no passaría de holla de aldea» (fol. 326v) “entre las 10 y las 11, domingo por la mañana, llego Su Magestad y el duque de Ijar», Medina Celia y el condestable en Quintanapalla, donde se hizo esta ceremonia, sirviendo el belo el arzediano de Madrid, rebalidandose el matrimonio. Entro Su Magestad y le salió a la penúltima pieza la Reyna nuestra Señora y se turbo algo y se fue a poner de rodillas y el Rey nuestro Señor la recivio en los brazos, y acavada esta función se metieron en el coche, dando el Rey nuestro Señor el mejor lugar a su esposa."
"Sus Magestades bolbieron a Burgos dentro del coche entrambos,haviendo por aquellos caminos y calles gran numero de onrrados y afectos castellanos biejos, que mobian a terneza ber la lealta (sic) y amor con que se desaçian por berlos, no siendo nuebo en tales vassallos. Dios permita se les alivien las cargas y tributos que pagan,
Una cedula real eximiría de todo tributo a perpetuidad a Quintanapalla en reconocimiento de este episodio.
A su llegada a Burgos, entraron por la puerta de San Juan, pasando por la calle de la Puebla hasta llegar al palacio del condestable.
En el camino desde Gamonal hasta la Casa del Cordón, palacio donde se hospedaron los reales huéspedes, y a pesar de que el rey había dado orden de que no se permitiera la concentración de personas, hubo multitud de gente, pues como dice el cronista de Dichas de Quitanapalla: «fue impossible poner puertas al campo, y prescrivir límites a la más viva, y justa curiosidad, como quiera que la voz esparcida en la tierra de lo que passava en Quintanapalla, se despoblaron seis leguas, los contornos y la misma ciudad de Burgos, para irlo a ver»
Al día siguiente formaron un cortejo hasta el
Monasterio de las Huelgas en histórico simbolismo de fundamento de toda la
monarquía española donde comieron con
las monjas y volvieron a caballo
con el mismo boato, precedidos de clarines y maceros, para hacer la entrada
triunfal por el Arco de Santa María decorado con pinturas que aun hoy pueden
verse.

Maria Luisa de Orleans excelente amazona
“…el arco de Santa María, que se había enriquecido con ninfas, leones, y una esfera que bajaba del cielo, que con una mano ofrecía a la reina una flor de lis y con la otra sujetaba un espejo en el que se reflejaba la flor,un arco iris, una representación de la Fama que repetía versos en honor de la reina, Cupido y Marte, Amaltea, Palas, Vulcano, con algunos cíclopes, Juno, Venus con un Cupido a sus pies y los cisnes, ángeles, coronas, nubes, rosas, guirnaldas, jeroglíficos, motes en latín y en castellano,retratos de los soberanos de la casa de Austria con versos dedicados a cada uno de ellos y otros muchos adornos.”
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| Pinturas en el interior del Arco de Santa María |
Todo ello se añadía a la ya de por sí rica arquitectura estable de la puerta
La reina va al palacio arzobispal y llega a la plazuela que llaman del Sarmental, adornada para la ocasión con tapices y ricas colgaduras, y desde allí va a la catedral por la calle de la Lencería,(Actual calle Cadena y Eleta) tan adornada desedas que hasta pudo mudar su nombre, en la calle de la seda.
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| Antiguo Palacio arzobispal (V.Saez) |
Desde un balcón cerca de la iglesia, el rey, encubierto detrás de unacelosía, contempla a su esposa. Al legar al final de la calle las campanas empiezan a tocar para hacer salvas a la soberana, que además es festejada con música y danzas: «en un tablado inmediato a las gradas del atrio de la iglesia los comediantes en forma de sarao, y con tan ligeros rasgos apuntavan en el ayre de las sonoras cuerdas los tonos, que pudo admirarse su habilidad, y dezirse sin hipérbole de los que con tal destreza la gozan» (Aler, p. 76).
María Luisa visita la catedral acompañada por el patriarca de las Indias,Don Antonio Benavides (el arzobispo acababa de morir), y admira la belleza y perfección de la capilla mayor, el crucero y la capilla del condestable.
Al salir de nuevo por la calle Lencería es aclamada por la gente. Arriaga escribe:
«En poniéndose a caballo en la Iglesia Mayor, su limosnero mayor tiró dos o tres puños de monedas de plata a la gente que vitoreaba a la Reina, que muy alegre se sonreía»….
Y, a partir de ahí, tres días de festejos,
representaciones teatrales en escenarios efímeros, construidos al efecto, en
las plazas del Mercado Mayor y Menor, fuegos artificiales espectaculares y una
corrida con treinta toros… en fin, Burgos volcado en sus reyes como en los
siglos , aunque los tiempos, para la primera ciudad castellana por excelencia, habían
cambiado ya - para peor - irreversiblemente.



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