Fue
una batalla entre cuñados.
La
culpa fue de la celada. Bermudo III, rey de León, llamado el Mozo, la levantó-
o simplemente no le protegía bien los ojos- antes de enfrentarse en solitario a
cientos de enemigos en la batalla de Tamarón, en el pequeño valle del arroyo
Sambol. La lanza adversaria le entró por el ojo derecho, le reventó la órbita
ocular y le arrancó el maxilar superior. Además, recibió otras dieciséis estocadas,
todas ellas mortales.
Así
lo describe la autopsia que un equipo de la Sociedad Española de Paleopatología
realizó a sus restos en 1997. Tenía veinte años y corría el mes de agosto de
1037.
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| Muerte de Bermudo III por Alonso Cartagena |
La
batalla se libraba en el curso de la guerra declarada entre este joven rey y su
cuñado, el nuevo conde de Castilla Fernando Sánchez, quien era ayudado en la
lid por su hermano el rey de Pamplona y constituyó el turning point que
transformaría para siempre el enorme condado de Castilla en reino.
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| Capitel de la Ermita de San Salvador.Tamarón |
El proceso
se había iniciado cuando en el año de 902, dos hermanos, Gundisalvo y Finderico
habían fundado la ciudad de Lara al sureste de Burgos. Así consta en una lápida
en el Museo Arqueológico de Burgos que dice así:
“En
el nombre del Señor, Gundisalvo y Finderico hicieron esta ciudad siendo rey Don
Alfonso en el año 902”
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| Restos del Castillo de Lara |
De
Finderico nada se ha vuelto a saber, pero de Gundisalvo ha quedado clara
noticia en anales y diplomas. Tras la fundación de Lara, este prócer continuó
su expansión hacia el sur, se apoderó de la Peña de Carazo, de la antigua
Clunia - donde erige Iglesia y renombra como Coruña del Conde- de Peñaranda y
de muchos otros lugares en las márgenes del Duero.
Es el
primer gobernante de la Casa de Lara que estuvo casado con Muniadonna que era
hija de Nuño Núñez, el fundador de Castrojeriz y de Roa y también nieta del
Juez Nuño Rasura , que dio los primeros fueros a Brañosera.
Gundisalvo
y Muniadonna fueron los padres de Fernan González, que tras sobrevivir
gobernando más de cuarenta años, consiguió del monarca leones el reconocimiento
del condado independiente de Castilla.
Estos personajes, cuyo lema heráldico fue nada menos que:
“Non descendemos
de reyes, los reyes descienden de nos”,
fueron, los líderes representantes de una realidad social
con características propias que las circunstancias del momento produjeron.
Tras la invasión islámica del siglo VIII, la expansión de
los reinos montaraces de León y Navarra se fue haciendo básicamente y con mayor
intensidad, en la frontera de estos, que era en extensión, el territorio que después se
denominó Castilla. La base social que pobló esta zona eran los llamados foramontanos,
exiliados de la montaña cántabra y palentina, los más audaces, los más ambiciosos o
los más desesperados de cuantos habían buscado refugio en las montañas de
Palencia, Cantabria y Vizcaya.
Estas gentes, durante los siglos IX y X, se habían ido lanzando a las llanuras
más o
menos despobladas para, legitimados por el derecho ancestral de la
presura, hacerse con tierras y hacienda.
Debian a tal fin asumir la
tensión de vivir en riesgo de las incursiones islámicas desde Toledo, Córdoba o
Zaragoza, periódicas, pero seguras y devastadoras. A la dureza de los trabajos
agrícolas y artesanales necesarios para la subsistencia, se sumaba la
incertidumbre de morir o ser hecho cautivo cualquier verano.
Esta forma de vida se extendió a
lo largo y ancho de toda una región tan extensa que abarcaba desde Oña hasta
Sepúlveda y desde Castrojeriz hasta Neila, y definió toda una manera de vivir muy dura pero más libre que la
feudal a la que estaban sometidas las gentes durante el medievo.
Para estos foramontanos la
estructura jurídica de la Lex Romana Visigotorum y el Fuero Juzgo, que les obligaba a acudir
a dirimir disputas a León, sometidos a la aplicación de estas leyes
complejas por funcionarios desconocedores y alejados de la tremenda
vida de los administrados, se hacía insufrible para su estado de
tensión constante.
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| Miniatura del Fuero Juzgo |
Les
resultaban más rápido y prácticos los juicios por fazañas en los
que se resolvían
conflictos aplicando una jurisprudencia simple y consuetudinaria y que
se administraba en judicios levatos o pleitos tramitados de pie, de forma
sumaria, resolviendo
los conflictos de justicia más adecuadamente para una existencia tan precaria.Frente al interior, en la
montaña, donde la mayoría de la población estaba compuesta por juniores,
hombres sujetos a la gleba y la servidumbre, la vida era aquí más dura frente al
moro,
pero más
llevadera frente al señor porque se hacía a base de más libertades, de
fueros y privilegios que pudieran compensar los afanes de una existencia en continuo
sobresalto. Así
se formó en tres o cuatro generaciones una sociedad dura, independiente y
batalladora que constituía la argamasa del condado.
La institución de los caballeros
villanos permitía al
labriego que pudiera reunir los doscientos sueldos que costaba un caballo, ascender a
infanzón que engrosara las huestes del conde dando posibilidad de ascenso
social según mérito.
En cada valle surgía una iglesia
y en su entorno un grupo de humildes casas y cerca de estas, una torre o un castillo
y así nacía la parroquia, se formaba una aldea y el esbozo del municipio. Todo
ello diferenciaba al castellano del asturiano.
La familia de Fernán González lo
sabía bien y sintonizaba a la perfección con tal sentir. Sabía también la importancia
de fundar y ayudar a los conventos del Cister o de cualquiera de las órdenes religiosas
de entonces que se atrevían a regentar comunidades en lugares de frontera a
riesgo de resultar masacrados, como sucedió en San Pedro de Cardeña.
Fray
Valentin de La Cruz relata de forma magistral en su biografía del conde, la fundación
del Monasterio de Santa María de las Viñas, por las hermanas Munniadona y
Flámula quienes hacen donación a la abadesa Acisclo y dejan constancia
documental solemne de todo ello.
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| Cenefa de Santa María en Quintanilla de Las Viñas |
Fernán
González emparentó con los reyes de Navarra y León y mantuvo abiertos frentes
simultáneamente con ambos y con Abderraman III mientras
gestionaba a su población como describe su romance:
Villas y castillos tengo,
todos a mi
mandar son;
dellos me dejó mi padre,
dellos me ganara yo;
los que me dejo mi padre,
poblelos de ricos hombres,
los que yo me hube gando,
poblelos de labradores;
quien no había mas que un buey
dábale otro, que eran dos,
el que casaba a su hija
le daba yo rico don
y cada día que amanece
por mi hacen oración,
no la hacen por el rey
que no lo merece non,
el les puso muchos pechos
y quitáraselos yo.
Tras muchos vaivenes y dos
cautiverios, finalmente es reconocido como Conde soberano de Castilla
por la Gracia de Dios haciendo desaparecer y fusionando en este
todos los condados que la habían fragmentado hasta entonces intencionadamente,
por concesiones centralistas del reino de León, Monzón, Saldaña, Lantarón.
Aun con este reconocimiento de soberanía las
generaciones descendientes de Fernan González continuaban rindiendo sometimiento
al Rey Leones.
Sin embargo, este comportamiento
de sumisión cambió cuando a la cuarta generación por vía de varón, el
Conde de Castilla García Sánchez, biznieto de Fernan González, es
asesinado en León por los hermanos Vela, en la misma fecha que acudía a casarse con una
infanta, 1028, todo lo cual se relata en el Romance del infante
García. Con este asesinato, Sancho Garcés III de Pamplona, apodado el Grande,
heredó el Condado de Castilla por ser consorte de Munniadona de
Castilla, hermana
del conde asesinado y por ello heredera del Condado.
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| Asesinato del Conde Garcia Sanchez de Castilla |
El hijo de Sancho Garces III y
Muniadonna, Fernando, heredó el Condado de Castilla a la muerte de su padre y habiendo casado con
Sancha Alfonsez de León, heredó el reino a la muerte de Bermudo III de
León en la batalla de Tamarón mencionada al principio de este texto.
Quedaba
claro que el príncipe navarro no había heredado los miramientos con el rey de León
que habían mantenido durante más de un siglo los castellanos de su familia
materna.
Fernando I el Magno de León, al
repartir sus dominios entre sus hijos legó al mayor el Condado de Castilla, a
título de reino en el año de 1065.
Ramas colaterales y herederos de los
condes de Lara, en el siglo XIII, al fijar las armas del escudo de su
linaje, escogieron los dos calderos jaquelados como símbolo de ricahombría. Estos símbolos más
propios del anuncio de un mesón que de armas de una familia de guerreros
mostraban bien a las claras el excelente discernimiento de prioridades en las
acciones que asumía el linaje de la Casa de Lara. Mostraban más que la
capacidad suficiente para la guerra, la capacidad para alimentar bien a las tropas,
como servicio indispensable y básico tanto en tiempos de guerra como de paz. Tal
fue y continúa siendo la importancia de la intendencia y la nutrición en todos
los órdenes sociales.
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